Toda la humanidad y toda la cultura, en algún u otro sentido, se encuentra representada en la industria. Y es, de todas, la que más perfectamente define los mecanismos del “nuevo espíritu del capitalismo”, desde sus márgenes hasta su centro: el perpetuo y denunciado movimiento de estabilización de “lo nuevo” en culturas de producción. No así en el cine, aunque es lo más parecido, y mucho menos en la mustia y pretenciosa literatura, perpetua y fantasiosamente replicada por sus actores no como una industria capaz de expandirse sino como un conjunto de saberes superiores, que otorgan un dudoso prestigio de campo chico que es necesario restringir. Por supuesto, no es casual que revistas como la Inrockuptibles o la Rolling Stone tengan secciones literarias mayormente conservadoras, que funcionan en las antípodas de la tarea de monitoreo de tendencias o coolhunting de las secciones centrales sobre rock. Pero esto es otro tema.
Marketing, cultura de masas, ecos bifrontes de cierto Chomsky mal leído, qué más. Nada. La más banal nada postmenemista. De tanto desafiar, la literatura le resulta algo tan extraño que lo confina a Komisario Político de una (no más) limitación. Vecino, pichón de Atilio Borón. ¿O será extensión tinélica con algo de autogestión cooperativa? Y los ñandúes se preguntan por la comprobación material de un único dios…
Vindicar a un comepibes, más que rastrero, resulta insultante.
~ por OmarG en Noviembre 9, 2009.
Escrito en Incontinente
esa es la página q hace casciari domingo por medio, por miedo digo