Ramoslandia
JQ: Andrés Rivera decía que leía con un ojo que disfrutaba y otro que corregía.
PR: Sí, y se le nota también, se le nota. Trata a la gente también con dos ojos. Su ideología es a dos ojos, es un tipo que se postula de izquierda y trata la gente como un nazi.
(…)
PR: Claro que la literatura puede cambiar el mundo. Cómo no lo va a poder cambiar, de hecho lo cambia. Yo soy un lumpen menos gracias a la literatura, y conozco muchos más. Soy un infeliz menos gracias a la literatura.
(…)
JQ: ¿Crees que hay una estrategia comercial, demasiada apresurada, quizás, de querer publicar a los escritores más jóvenes?
PR: Yo cuando quiero leer la poesía joven leo la poesía de Rimbaud, que la escribió a los 16 años. Creo que Romeo y Julieta Shakespeare la escribió a los 20 y pico. Para leer a un joven leo a uno de verdad, para leer a Juan Terranova, no me quiero amargar la vida, porque para darla de Bukowski, y puede ser un buen pibe, pero se convierten en una caricatura de sí mismo que se repite hasta el infinito y la verdad creo que la literatura no merece eso.
(…)
Tuve un poco de suerte, a mí La Joven Guardia me ayudó, escribiendo como escriben a mi me ayudan mucho. Me ayudan a que una editorial grande como Alfaguara me haya querido publicar, cuando no publicaban a ningún desconocido.
¿What? Ajústense los cinturones. Lean la nota completa. Más allá de la sensación de lavarropas pasado de vueltas, llama mi atención que Ramos refiera a Rivera como comisario político del «club del clown amargo» cuando él mismo, renglones abajo, pela el índice cual Adolfito Hitler porque se editan jóvenes. A ver. ¿En qué jode que se publiquen a pibes de 20, 30, incluso los menores de edad? ¿Cuál es el problema? ¿Ramos teme un efecto de saturación en el mercado? ¿Qué pasa? ¿Ya no vende porque las antologías arrastran público lector a otros géneros? ¿Y? ¿Qué problema existe con que escriban mal, bien, regular, o para el reverendo ojete? Que utilicen el marketing, un plumero en el culo o una bandera incendiada arriba de la cabeza. ¿Qué problema existe con eso? Y como broche mercantil blandir a Fogwill como trofeo…
Niños argentinos, y hasta convoco a los nonatos iletrados aún: escriban, publiquen, tapen de libros el país. Es el mejor antídoto contra los idiotas que creen que la literatura puede cambiar algo, y en realidad lo único que modifica es la posición individual (y me olvidaba: ¿quién le dijo a este ejemplar que dejó de ser lumpen?).
Prometo una experiencia: voy a robar un libro de Ramos y regalarlo a un pibe que mendiga en el subte. Seguro que a la noche lo quema para calentarse las manos. Así, la literatura demostrará que lo único que puede cambiar es un instante circunstancial de la temperatura ajena.


Parece que la actitud JP (Feimann, no Morgan, para eso está Prat-Gay) hacia los blogs sentó bases en la literatura. Realmente, estas peleas por el propio quiosquito son lamentables.
Pobre Ramos, teme que le invadan el quiosquito. Escribe y lee con los pies. Quiere dársela de Carver y le sale un Benedetti mezclado con Bukowski.
Ufff…se está poniendo de moda esto del lumpen que se hace escritor “duro”, de los que describen “la realidad sórdida” y a la vez psicopatean-marketinean todo el tiempo con eso…Ramos se la pasa hablando de donde vino, esa es la estrella de su literatura, no la escritura..Otra síntoma más de la muerte de la centralidad del texto..
Addenda: !Viva Enrique Medina!
Los ramos, según de qué, pueden alegrar, entristecer, perfumar y dar alergia.
Están los peralta, los mejía, los de novia. Bueno y aquí ce ramos.