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Manual de filosofía urgente

de Irving Basileo

 

La crisis de cualquier civilización da por tierra con la noción de justicia, el individuo se anula, dando paso a una lenta y dolorosa transformación. Tal premisa, algo escéptica, pero no menos realista, es la que marca el rumbo del pensamiento de Irving Basileo, profesor emérito de mecánica cuántica del Instituto Bayern-Maninga, de Zürich. En su Manual de filosofía urgente, da muestra de aquella máxima en nota introductoria extensa, metódica a la hora de ejemplificar con casos históricos. Luego, a manera de introducción, continúa reflexionando sobre las posibilidades del hombre contemporáneo a la hora de pensar. Y allí, resulta lapidario: el hombre del siglo XXI ya no es bruto, sino Narciso enceguecido por la informidad de su reflejo. Ya no es, más que cavilación sin sentido, tal vez engaño de la energía en fuga hacia la muerte. 

 

En el Manual…, encontramos que la docencia estricta obtenida de la formación científica advierte sobre la intensidad del pensamiento del autor. Es su estilo el que marca el límite fundacional de la lectura: no imagina un lector, sino que escribe para sí, como otro Narciso, desarropado del deseo de repetición. Es sutil la diferencia, pero es en la determinación individual (su propio ejemplo) en el que el autor encuentra la manera de arrastrarnos a pensar, no a reflexionar. La reflexión, muy a su pesar, resulta un engaño de la mente. Es su materia lo que el pasado ha cristalizado como memoria, defectuosa, evanescente, y aún más, peligrosa e intratable. Con la reflexión, el futuro toma distancia, alejándose hasta un punto donde la oportunidad de elaboración mental se anula. Cuando reflexionamos –afirma-, ya todo ocurrió, nos quitamos la oportunidad de la acción y ni siquiera damos testimonio, quedamos fuera, nos disfrazamos de cero a la izquierda. ¿Y por qué ocure ello? Por la comodidad, el cerebro construye un continuo placentero por tal motivo rechaza cambios, alteraciones, y lo que lo inquieta nunca puede pasar de la sensación artística. Lo real, en cuanto real, es un desprestigio para el hombre, sus facetas resbaladizas lo ponen en situación de riesgo, y sobreviene el miedo, la oscuridad, la falencia de no ser Dios. 

 

Necesidad y necesariedad son conceptos que también marcan un límite entre acción y deseo. Lo contingente no es más que exaltación o excitación novedosa, luego, el hombre vuelve sobre su ovillo de certezas, para aferrarse sin desesperación a lo que siente firme, como medianía sin conocimiento. Y aquí, lo urgente, que involucra al título del libro: para Basileo, la única forma de salvación que existe es la filosofía. En el capítulo Diatriba Intelectual del Tercer Milenio, invoca la inteligencia en acto de los hombres a través del ejercicio a rajatabla del pensamiento filosófico. Expresa: “No todos los seres poseen capacidad suficiente para pensar en futuro, tomar distancia del entorno e iluminar con ideas –válidas, enteras- que tramen convicción más que obediencia. Será de los probos, unos pocos, suspender la falta de juicio y la impronta violenta. Evitando el reemplazo de un fantatismo por otro, será la humanidad un nuevo campo de placeres: a la iluminación argumental, seguirá la del disfrute de la existencia, como plenitud realizadora.” A tal esperanza predictiva, cabe asociarse una cierta inocencia elemental. Basileo cree que las cosas del hombre tienen una tendencia a la paternalización. Analizando los fenómenos de masas, las luchas intestinas por pulsiones combinatorias de la etnia y la economía, sugiere que la búsqueda del liderazgo es el abismo simplista en el que el hombre encuentra remedio efímero a la falta de pensamiento. Dejando la razón en manos de un impar, o elegido casual, la brutalidad es el único resultado tangible. Ya no se trata de sistemas de gobierno, distribuciones de riqueza o acumulación de poderes. Toda construcción social humana conlleva el martirio del que no puede pensar, y más aún con un mínimo de responsabilidad del acto mismo. 

 

Irving Basileo tal vez ocupe un lugar preciso en la biblioteca del escéptico. También, será punto polémico entre quienes indiquen la pérdida constante del rumbo planetario hacia la crueldad más especializada y recurrente. Pero su dificultad, considerar que todo hombre antepone la seriedad de sus actos a lo casual de su voluntad y capricho, es casi un pecado de inocencia. Tal vez, el Manual de filosofía urgente sea más la construcción de un bálsamo que la solución mágica a nuestra decadencia, pero su lectura no deja otra sensación que la contradicción misma entre la necesidad del cambio y el desinterés omnípodo por lo que será. Contra la autodestrucción de los hombres no existe método efectivo, ni siquiera el recurso heroico que pretende hallar y desconectar el mecanismo de la detonación.

~ por OmarG on Mayo 2, 2008.

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