Hipócritas y represores en la cultura argentina

[El blog no valida nada. Todo lo contrario. Percibo en la experiencia de lectura, escritura y edición, que la máxima pretensión de un texto inmediato es en tanto bando, graffiti, señal de cierta pulsión del pensamiento. Un escribir que puede ser venal, reflexivo, pero cuya única solidez está en la indicación. Señal de alarma. En un país donde lo expresable fue tradicionalmente intermediado, la libertad de pensar y comunicarlo en este breve y acotado circuito, genera tensión política: cualquier persona puede derribar el andamiaje que un actor de la cultura generó como imagen. En esto, los válidos, resultan minusválidos. De ahí bravatas, pataleos y enojos diversos. Y de ahí la aplicación de ciertos ejes del mal ególatra como solución razonable ante el fenómeno blog. Como decía un amigo: ni calvo, ni con dos pelucas. A la herramienta (en todo el planeta internético) le han salido otros usos. Por eso los compungidos letristas moldeados en el interés más capital social explotable ululan alarmados: planteamos una fórmula de la felicidad y nos construyeron el arma de destrucción masiva. Se sienten amenazados (¿?). Pero también ocurre algo que viene como herencia de un servil discurso predigerido ante el aparato de propaganda dictatorial: que lo que se dice no puede ser conjeturado in vitro, no existe la repregunta, no existe la impugnación. Los otros (y acotemos en los lectores, por ahora) están inhabilitados para emitir opinión y juicio sobre el discurso del sujeto cultural de turno. Tan graciosa, como contradictoria, la situación recuerda el culto rojo chino a la personalidad, en una sociedad aún palpitante en su misión filonazi internacional, como obediente -y ejemplar- a la hora de aplicar un plan de sometimiento masivo de la región (Plan Cóndor). No viene al caso qué opinión tengo del autor del texto que se reproduce más abajo, muchos la conocen y a otros, la mayoría, poco les importa. Pero ocurre algo. Es sabido que el sujeto de marras desautoriza comentarios, censura críticas, y utiliza la herramienta wordpress como página de internet gratuita, sin un link, sin una referencia a la comunidad que la sustenta, o sea, es un oportunista operador de oscuros intereses (propios y ajenos). El Fantasma (a esta altura, nombrar al blog me hace recordar a la tercera persona maradónica, vergonzante) reproduce el texto en su totalidad para que todos los lectores puedan opinar, discutir, y demás ocurrrencias, con plena libertad. Los temas son ríspidos, con aristas filosas. Pero hay uno que está ausente. Se trata de un nombre omitido en la discursividad quintínica: Menem. Y nada deja de ser intencional en la cuestión política de publicar en blogs. Lo que implica: ¿qué voz es la que atraviesa el discurso del que se dice crítico de la cultura y es autorizado por un ministro de turismo de la ciudad de Buenos Aires como voz cantante sobre el tema blogs? ¿Qué es lo que habla a través de este inmundo agente de la desinformación cultural argentina? El plan sigue en ejecución, desmembremos las amenazas que ello implica. A debatir, y no importa que esté equivocado en lo que escribo, sino que ustedes tengan la posibilidad de hacerlo, de equivocarse o acertar.]

Represión e hipocresía

Efectos de una tarde en el Malba

por Quintín

Como lo han señalado varios lectores, no la pasé muy bien en la presentación del libro de Fogwill, en la que me limité a leer el texto de la columna que saldrá el domingo próximo en Perfil y donde hablo sobre todo de la literatura en Los libros de la guerra. Se sabe que la impredecible ferocidad de Fogwill mete miedo y yo no era el único intimidado por las circunstancias. Daniel Link se borró, María Pía López adujo un compromiso en Montevideo y Horacio González prefirió dirigirse a un interlocutor llamado Quique, al que conoció hace mucho tiempo, y no al personaje sentado al lado suyo. Pero, en ese sentido, todo fue bastante cordial. Fogwill estuvo muy amable y me presentó con un elogio a La lectora provisoria. El problema vino por otro lado. De entrada, González se puso un poco nervioso y, aunque su estilo oral es calmo y nunca levanta la voz, no podía evitar irritarse a cada rato, ante cada embate de Fogwill contra el buen sentido progresista que encarna el director de la Biblioteca Nacional. González llegó a decir que ciertas líneas del pensamiento de Fogwill le hacen perder la paciencia y hasta la posibilidad de excluirlo del debate intelectual. La razón profunda de mi incomodidad fue el tono de ese debate político e ideológico entre Fogwill y González, que se agravó a partir de una pregunta del público sobre el 24 de marzo. No se me ocurrió cómo terciar en ese momento sin agregar mi propia intemperancia, pero trataré de hacerlo ahora.

Fogwill parte de una posición difícilmente discutible: que la dictadura no empezó con el golpe ni terminó con la asunción de Alfonsín, que el gobierno militar fue sobre todo cívico e incluyó una brutal transferencia de la riqueza hacia la clase dominante y que la consiguiente transformación de la Argentina no se ha revertido desde entonces. Un argumento parecido sostiene hoy Martín Caparrós en la contratapa de Crítica, aunque para Caparrós se trata más bien de incluir a Perón entre los culpables y seguir creyendo que los militares reprimieron “a los que querían un país igualitario”, como si la implantación de un régimen político chino, cubano, soviético o albanés —el objetivo de los distintos grupos guerrilleros de los setenta— no mereciera ser impugnada con la misma vehemencia con la que se descalifica a quienes sostienen una democracia que solo beneficia a los ricos. De todos modos, es difícil no coincidir con Caparrós y con Fogwill si se amplía la cita anterior

“Celebrar el 24 de marzo también se inscribe en uno de los rasgos más penosos del gobierno kirchnerista: los setenta como justificación. Un gobierno de centro que mantiene una desigualdad extrema se llena la boca, se legitima con el recuerdo de los que murieron porque querían un país igualitario.”

En ese sentido, en el de impugnar la autolegitimación del kirchnerismo por su actitud con los setenta, quiero ir más allá de lo que sostuvo Fogwill ayer en el Malba. En mi opinión, la masiva reapertura de los juicios a los represores, que recurre a leyes retroactivas y a la reversión de la cosa juzgada, que se ha apropiado del concepto de delito de lesa humanidad para aplicarlo sólo a quienes son sus opositores, que ya se ha extendido a los gobiernos de Lanusse y de Perón-Perón y que amenaza hacerlo hasta la Libertadora o hasta el golpe de Uriburu, representa un grado de hipocresía aun mayor que el del Nunca más alfonsinista que tanto suele denostar Fogwill. En todo caso, los juicios comparten con el Punto Final la idea de que hay una manzana podrida y la sociedad sana debe regodearse con su pertenencia al bando de los justos. La diferencia no es solo que la solitaria manzana se convirtió en docena, sino que la globalidad de la persecución judicial tiene un efecto inocentador ampliado: juzgados y condenados todos los militares, eliminados de la vida política todos los ex funcionarios de Videla y de Onganía, quienes queden en el poder habrán hinchado su legitimidad con la culpabilidad ajena. Sin embargo, miremos un segundo la pantalla del televisor: ¿alguien puede dudar de que al joven Lousteau, nuestro frívolo y prepotente ministro de Economía, solo le faltaría un levísimo ajuste en su pensamiento económico para ser el niño prodigio de Martínez de Hoz o de Cavallo y un hombre de la dictadura como lo fue su padre? Sin embargo, los juicios contribuyen a asegurarle a esa nueva casta de funcionarios, frutos de la capacidad de la burguesía para dar a sus hijos el conocimiento necesario para mandar, una pátina de heroísmo cívico que los inmuniza contra sus políticas al servicio de la exclusión social, la corrupción y la concentración del poder. Como ocurriera con Alfonsín, el gobierno de Kirchner intenta que las dictaduras del pasado validen su administració, con la diferencia de que enfrentar a los militares requería entonces de coraje y era políticamente pertinente. Hoy, en cambio, es una pantalla demasiado burda para la continuidad del sistema y la clausura de los caminos para cambiarlo. Si la dictadura sirvió en su momento para dar vuelta la historia, su fantasma sirve hoy para congelarla.

En el debate de ayer, González representaba al progresismo que ha terminado sirviendo a un gobierno que no encarna sus valores más que en gestos de grandilocuencia, en la declamación de ideales ajenos y en un gigantesco aparato de propaganda que emplea, de un modo u otro, a una considerable cantidad de intelectuales. Por eso Fogwill lo ponía muy nervioso al igualar pasado y presente, al punto de hacerle decir que su adversario se colocaba por fuera de una discusión intelectual tolerable. Fogwill pedía que en lugar de celebrar el 24 de marzo, se empezara a buscar la verdad de una vez por todas, y que ese movimiento debía partir del abandono de la cifra de los 30.000 desaparecidos como dogma oficial y la investigación del movimiento de poder y de dinero que se organiza en torno a las víctimas de la represión. Cuando Fogwill habla de los millones que los Kirchner han puesto a disposición de Hebe de Bonafini, hay quien todavía piensa que se está cometiendo una herejía y que no se deben tocar ciertos tabúes.

Pero no entiendo bien por qué Fogwill sostiene que lo del número proviene de “una alícuota de la población de la Argentina de los setenta (30 millones)”. No se me ocurre quién la habría propuesto para articular una falacia parecida a la que, de nuevo según Fogwill, exageró el número de seis millones de judíos como víctimas de la Shoah (el número, en este caso, estaría en relación con la superficie de Alemania). Parece un hecho que hubo menos de 30.000 desaparecidos, pero que la discrepancia sea resultado de un cálculo numérico y no, por ejemplo, de una estimación apresurada que luego resulta de mal tono desmentir, no se asienta en ninguna evidencia empírica. Peor aun, hay un error matemático en el razonamiento de Fogwill: que 30.000 sea el resultado de quitarle tres ceros a 30.000.000 solo es curioso en el sistema decimal y no intrínsecamente inherente a las cantidades en sí, con lo que el error pierde valor simbólico. Sé que para Fogwill este no es un tema menor, pero esa explicación conspirativa oscurece en lugar de permitir un debate sobre el tema.

Fogwill impugna este nuevo Punto Final que nace con el feriado del 24 de marzo y legitima el encubrimiento de la verdad y la continuidad del orden económico. Su estilo, sin embargo, es demasiado proclive a la búsqueda de culpables (empezando por él mismo) y la discusión se termina empastando. Hace treinta años, el desprecio por la democracia y enormes errores políticos de la izquierda argentina produjeron una represión exacerbada y horrenda. Esa tragedia fue precedida y seguida por otras que seguimos pagando en un país que se descompone y se hace cada día más injusto y más violento. Fogwill tiende a hacer de esto una cuestión moral, que por conductos de su pensamiento que se me escapan se conecta con la oposición al aborto, la reivindicación de la pena de muerte y el valor de las fuerzas armadas. Me resulta imposible encauzar hacia el plano político una discusión con esas premisas. Eso me molestaba mucho ayer: la gravedad del tema y la disparidad de las posiciones en contraste con la amabilidad propia del lanzamiento de un libro en un ámbito más apropiado para la sociabilidad que para el debate. El silencio es a veces la única opinión posible.

~ por OmarG en Marzo 21, 2008.

50 comentarios to “Hipócritas y represores en la cultura argentina”

  1. [...] debatir. Pero esta mañana desistí al encontrarme con una propuesta mucho más interesante: pasen por aquí. Esta vez no se trata tanto de debatir sobre dictadores y genocidios, si no más bien sobre ciertos [...]

  2. En un primer momento, al leer El Fantasma, pensé que lo mejor era que el sujeto Quintín quedara ahí hablando solo sin que nadie le respondiese nada, como cayendo su por momentos horripilante discurso en el vacío, por una cuestión que me ha ocurrido más de una vez, lamentablemente, ante un discurso (oral o escrito) en el que uno encuentra un enredo de falacias, donde resulta difícil debatir porque en ese conjunto embrollado que se presenta como reflexión, precisamente no la hay, y sí en cambio, una yuxtaposición de frases que se enhebran trabajosamente. Pero luego decidí escribir algo, y tal vez por dos cosas, la primera, para contrariarle a ese señor la idea con que termina su parrafada o sea la patética reflexión (por el tono, digo) acerca de que a veces lo mejor es el silencio -sería acá muy fácil citar “el silencio es salud”, de los milicos, porque es una chicana obvia, y además, descontextualizada, pierde sentido-, cuando uno tiene la impresión de que se calló la boca porque no sabía o no entendía, a los otros dos participantes; y la segunda cosa, porque si bien antes mencioné lo del un palabrerío sin cohesión, luego pensé que sí la hay, pero disimulada, como si se tratara de hacer fachada (puse esta palabra en el sentido de frente o semblante, lo que puede no excluir otros) de discurso conjetural, abierto, etc. Hipocresía se llama ese tributo de la mentira a la verdad.
    Así que anoté algunas cosas empezando por la cita que hace Q. de “los que querían un país más igual”. Con supina ignorancia equipara esta referencia (que alude a cantidad de gente de ideas diversas, como diversas ocupaciones, credos, etc.) a unos supuestos implantadores de régimen. La falta de conocimiento histórico, además, está ignorando no sólo los objetivos de las luchas populares y de sus organizaciones sino también las coyunturas históricas de esos citados “regímenes” como les llama. ¿Creerá que el Estado norteamericano no es un régimen? O cualquiera (digo, para no abundarle el posicionamiento), porque régimen se refiere a la organización política de un Estado –republicano, monárquico, por ejemplo-. Este señor, alimentado se ve de literatura donde régimen aparece como mala palabra, posiblemente frente a cantos laudatorios a términos como libertad (habría que ver de quién y de qué), a lo mejor cree que esos son regímenes y los demás países vaya a saber qué. Y así siguiendo va de suyo, diríamos, que este señor vuelve a levantar la teoría de los dos demonios, la cual, pese a todo lo acontecido, a todo lo dicho, retorna de cuando en cuando con variantes, como esas pestes que de pronto asuelan una región, por eso no está demás recordar que sus fundamentos: la equiparación de víctima y victimario, el abandono de la legalidad establecida en un Estado (burgués este) por parte de él mismo, la violación de convenciones de guerra y las prácticas enocidas –en diversas formas- fue obra de los militares educados en la Escuela de las Américas y los civiles asociados (directos interesados u otros más o menos conscientes).
    Otra cuestión, el 24 de marzo no es una “celebración” (por lo menos para muchos, tal vez para algunos sí), es una conmemoración como, por ejemplo, la de la muerte del general San Martín, donde se instaura una fecha en el plano simbólico que remite a un hecho de importancia en la historia de una nación o es de carácter internacional. En algunos casos son celebraciones: el día de la Independencia (4 de julio, por ejemplo, para los yanquis), el del inicio de una revolución burguesa (14 de julio para los franceses), y otros son conmemoraciones de hechos no celebrables: asesinatos o muertes, por ejemplo, el primero de mayo (por los mártires de Chicago). Bien se puede uno pronunciar contra la “modernización” que convierte a estas fechas en “feriados” o las corre a piacere con finalidades turísticas o algo así, pero como prácticas sociales de simbolización aportan sentido a la historia e inciden en el imaginario de una sociedad. Claro que si se trata de clausurar el pasado y hacer borrón y cuenta nueva, tal vez para que no surga, incómoda, la pregunta justamente por esos sentidos que suscitan, mejor olvidarlas.
    El razonamiento, por llamarlo de algún mudo, de que es equivalente juzgar a asesinos y torturadores y apoyar al gobierno de los Kirchner, de los cuales todos los primeros no serían lo que en realidad fueron, sino sencillamente “opositores”, además de otra falacia, dista de ser la hipocresía que fue el primer Nunca Más (cabe aclarar que la nueva edición ha sacado el párrafo que refrendaba la teoría de los dos demonios) por la sencilla razón de que no es lo mismo un libro testimonial -quizá un primer paso para que las víctimas puedan hablar- que un juicio con consecuencias penales contra quienes cometieron crímenes, sí, de lesa humanidad, ¿hace falta mencionarlos? Toda esa sanata del bando de los justos, la dejo de lado, por torpe y boba.
    Respecto del joven ministro de Economía, si el que escribió esos comentarios supiera algo de historia, tal vez se enterara de que el ahora vetusto Antonio Cafiero tenía más o menos la misma edad cuando Juan Domingo Perón lo nombró para cargo similar. Nadie dice que Lousteau esté a favor de socializar los medios de producción (cosa que seguramente espantaría a Q., poco afín a esos regímenes que intentaron hacerlo), además la ideología no es hereditaria biológicamente, que el padre haya estado con la dictadura no implica que su hijo también por cromosomas o derecho sucesorio. Hay más de un caso que muestra la oposición ideológica entre padres e hijos, me gustaría citar un ejemplo, ¿por qué el papá de Corach le habrá puesto a su hijo Carlos Vladimiro? Fácilmente uno puede darse cuenta de que la ideología de ese padre y la de su hijo más bien son divergentes. En cuanto al “levísimo toque” que equipararía (y estoy tentada de decir que las equiparaciones de lo no equiparable sustentan todo este discurso), ¿pasaría porque Lousteau se rape para quedar pelado como los otros dos? Un poco de análisis, digo, no muy exhaustivo ni de especialistas, indica que con todo lo que puede objetarse a esta política económica, no sería un levísimo toque lo que la igualaría a la remate del país efectuado por los otros dos. Y esa alusión a los manejos de la burguesía en medio de el discurso de Q. resulta raro justamente porque lo emite alguien que no parece ser ni de lejos un defensor del proletariado.
    Respecto de que el kirchnerismo “emplea” intelectuales, primero, ¿en qué sentido se usa la palabra “emplear”? porque en el contexto suena a cooptación, y segundo, valdría reflexionar acerca de esto del empleo lo que circula cada vez más como un secreto a voces: las “asesorías” de “intelectuales” al gobierno de Macri, cobradas secretamente, pero bien pagadas con el uso discrecional de fondos que deberían ser para el bienestar común de los ciudadanos. Así que, si de dinero hay que hablar, bueno, primero, como dice el Evangelio: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Y si de cantidad de dinero, mucho más habría que decir que lo que pueda haber dispuesto o no Kirchner para las Madres. Además de que las Madres han recibido dinero de entidades internacionales, por ejemplo. Y respecto de ese asunto del “empleo”, ¿para quién trabaja cada uno? sería la pregunta en esta lógica de clientelismo con que se están exponiendo las cuestiones.
    Un país injusto y violento como el que tenemos (aunque cabría decir que al lado, por ejemplo, de Estados Unidos, somos una especie de beatífica tribu), no es algo que surge de la nada, sino de una historia con muchos protagonistas, cuyos actos mayores, medianos y menores, pueden contribuir a que así se mantenga.

  3. Con las cosas que uno va viviendo, y a medida que mi abandono de la militancia en la izquierda cumple más años (ya van casi treinta), empiezo a descubrir que no estaban mal algunas cosas en las que entonces creía o que me trataban de enseñar, y que después deseché, junto con otras verdaderamente estúpidas. La principal pregunta que uno se hacía, ante hechos como este, me vuelve a parecer vigente: ¿quién sale ganando con esto, en esta concreta situación? ¿A quién o a qué sirve?

  4. Omar gracias po tu invitación.

    Será por de más aprovechada.

    Pablo

  5. El silencio en este caso, parece ser la alternativa (breve, por cierto) que elige quien no fue capaz de terciar en la charla Fogwill- González en la ocasión dada y, un día después, fuera de la situación, lejos de los participantes, con la ignorancia de quien lo lea acerca de los dichos reales de uno y otros, por escrito, y suponiendo o pretendiendo que su versión de los hechos es suficiente para formarse una opinión de lo ocurrido en el MALBA. En principio, me gustaría saber qué dijo cada uno, no me alcanza el comentario de lo ya interpretado por Q. En segundo y último lugar, tal vez podría prestar oídos y comentar una charla entre Fogwill y González, en oportunidad de la presentación de un libro que reúne los artículos publicados por el primero a lo largo de los últimos 20 años; pero no veo qué sentido, qué interés, qué obra acredita Q. para que alguien se ocupe de sus dichos o su “pensamiento”. No sé quién es, qué es lo que hace. Sospecho, acaso prejuiciosamente, de alguien que se propone capaz de hacer crítica de cine, de literatura, fútbol y ahora mismo, de política o historia argentina. Con tan ambicioso registro, me parece que sus dichos tienen el mismo valor que el comentario de cualquier taxista o peluquero, empeñado en
    opinar ante el cliente inerme que debe llegar a horario o
    conseguir que su cabellera se vea aceptable, y merecen ser leídas con la misma atención.

  6. Esos raros peinados nuevos.

  7. No jodan con la culpa. Todo un pueblo me respalda.

  8. Ustedes disculpen, pero hay una cosa imaginaria. Es viernes, día de vampiros, día de sacrificio ritual. Total, digámoslo así nomás, reencarnamos en una cabra. Pero eso poco importa. Qué hice antes. Qué motivo movió la traición: dios, el arte figurativo del verdugo.

  9. Q, un bruto ignífugo. Prefiero ser de Racing.

  10. Sigo creyendo que es una cuestión de marketing, en esta maraña de post y artículos, la recomendación para destacarse es escandalizar. Escandalizar por derecha o por izquierda. Un ejemplo de lo que podría ser escandalizar por izquierda para mi lo es, lo fue la expresión de Hebe de Bonafini de alegrarse por el atentado a las torres gemelas, se suponía que uno no podía contentarse siendo de izquierda con un atentado que mata inocentes, dado que siempre se debía apuntar contra el poder resguardando a civiles. Con respecto a esta idea creo que en su momento se generó un pequeño debate, desde la centro izquierda hacia la izquierda, ultra izquierda, sobre la idea del atentado-acción insurgente en general.
    Escandalizar por derecha, por ejemplo, lo que están haciendo Fogwill y Quintín, siendo bichos de la “cultura”, es expedirse a favor de la pena de muerte. Pero no hay nada para debatir, porque los estados más modernos del mundo no la promueven. En todo caso será la derecha y hacia adentro la que tendrá que debatir. La justicia se ha nutrido de lo mejor del pensamiento humanista, y ha dicho no a la pena de muerte. Y lo anterior incluye al delito de lesa humanidad. Punto. Lo único que se puede debatir con la derecha es ciertos aspectos económicos, propiedad privada, libre iniciativa privada, “mercado” bla, bla, bla, al menos discutir. Sobre el tema justicia, nada. ¿Sobre los desaparecidos? Nada ¿Qué importa la cifra?
    Para mi, Quintín y Fowill son de pensamiento de derecha y hablan hacia adentro del espectro kultural que es mÁs bien progre, buscando escandalizar. Es que no ha habido un shock en esta ideología, un cambio de paradigma, una revolución en el pensamiento liberal, ni éllos la encarnan, que nos lleve a prestarles atención en serio. Sangran por la vieja herida de los dos demonios. No hay teoría de los dos demonios, es una cuestión jurídica internacional. Punto. Y con esto no invalido que es necesario un debate sobre los setenta, y que el golpe tuvo alto consenso civil. Pero una cosa es el debate y otra la justicia.
    Y nada de ésto debe mezclarse, embarrarse con el hoy: Alfonsín, Kirchner.Ese es otro tema.
    Pero una cosa es buscar rating y otra cosa es otra cosa. Si escandalizan irrespetuosamente y por escandalizar, con estas cuestiones todavía tan sensibles, discutiendo la cifra de los desaparecidos, no se pueden quejar que además también alguien les diga que son dos reverendos hdp.

  11. con respecto a Q, LLP y ex-cia., solo aclarar que prefiero las cosas de frente, no me van los hipócritas, los falsos, ni las mosquitas muertas … menos los que esconden su cobardía detrás de una postura ambigua, supuestamente irónica …… para colmo son unos snob! ….puaaaaj !!!…aunque en su pequeña mente seguramente estarán orgullosos de serlo…

  12. Yo comparto la mayoría de los concepto que describe nonimo; no creo que para este debate se deba buscar posiciones en sectores denominados “de izquierda” o “de derecha”, es un maniqueo que ya se está volviendo insoportablemente trillado. Lo que si me parece que la posición aparente de Fogwill como la que revela el texto de Quintín buscan un efecto, no el debate ni fijar una posición, realmente no creo que le importe demasiado el tema, lo que le interesa es el efecto, decir algo que, como dice nonimo, escandalice y contradiga el discurso del sector al que aspira a pertenecer. Escribir sobre algo porque se está hablando de eso, sin importar que el tema realmente le interese. Eso deja traslucir el texto a mi criterio, es solo una pose que busca atención y originalidad, como dije, busca un efecto más que expresar una opinión. El tema de el número de desaparecidos es algo que me tiene sin cuidado, lo que importa es que hubo tipos que usaron el aparato estatal (es decir nuestros recursos) para matar y torturar a quienes aparentemente pensaban distinto, y digo aparentemente porque en Mendoza hubo muchos perejiles muertos, por ejemplo, por portar libros de carátulas rojas escritas en un idioma que “parecía ruso”. Esa es la diferencia entre ellos y los terroristas, ambos matan por ideología, son inescrupulosos, violentos, etc. pero la dictadura hizo cómplice a 25 millones de tipos, financió la matanza con sus impuestos y usó sus calles como campo de batalla. La posición hipócrita de algunos sectores burgueses de la sociedad (recuerdo que bardamu hizo referencia hace algún tiempo a Sábato, fiel representante de esa casta) es otro tema que no invalida la culpabilidad de los genocidas. No hay razones para el silencio y el olvido, pero bien haría Q. en escribir sobre temas que conozca (es decir futbol).

  13. Quintin expone, una vez mas, lo que ya se sabe de el. Ahora, alguien podria aclararme de donde saca LLP esos comentadores rancios y vomitivos? Como junta un tipo mediocre como Q tantos lameculos que le den la razon? Tan mal esta argentina?

  14. A la última pregunta, la respuesta es sí, así de mal está Argentina.

    En lo demás, suscribo plenamente lo que opina Inx.

  15. ¿Debatir? El día que me escuchen y ordenen de una vez por todas el derrumbre del MALBA (ha de planearse cuidadosamente, camuflando la demolición como un happening o una instalación, de manera que pase desapercibida como para poder llevarse a cabo durante una conferencia importante como es esta, a la que asistirán sus habitués más destacables, aunque ya con sólo Quintín, Fogwill y Fito Páez adentro será suficiente; seguirán la FUC y el Faena Hotel; la lista se extiende a varios establecimientos más) podremos debatir; por ahora, creo que estoy a favor del ninguneo.

  16. Fogwill perdió lo que creía talento y siempre fue sólo ingenio para transformarse en lo que hoy es.
    Puede ser inhumado ya mismo en el panteón de la SADE. Se lo merece.
    Sus dichos repetidos en el MALBA por Laiseca, fumando bajo un ventilador de techo, por ahí consiguen asustar. Y si no, quedan al menos dentro del inofensivo ciclo Historias de terror.
    Triste destino de los renovadores de la literatura argentina (que vayan mirándose en este espejo decadente y lastimoso los inventos como Washington Cucurto)

    Puede o no recordarse el proceso de exterminio cada 24 de marzo o tal vez cada 10 de diciembre como sugiere Caparrós -hay bibliotecas a favor o en contra de cada posición- pero jamás ignorarlo, minimizarlo, negarlo. Es de un grado alto de miserabilidad. Si después cada feriado se vuelve un jolgorio es materia de sociólogos. A tal pueblo tales desgracias. Y así nos va.

    Omitir que después de la traición/defraudación democrática de Alfonsín siguió la década infausta de Menem donde pudo redondearse la siniestra tarea de Martínez de Oro bajo una masiva aprobación electoral, es ser al menos cómplice.

    Efectivamente hace falta un reflexionar sobre los 70. Pero nunca con figurones terminados ni con supuestos críticos cinematográficos de la estatura de un billete chico muy usado.

  17. No, Inx, los dichos de Q no tienen el mismo valor que el comentario de cualquier taxista o peluquero: sus opiniones tienen prensa, mercado, circulan; tienen salida-al-aire y repercuten; repercuten en algunos casos en salivosos chupamedias genuflexos (para muestra véanse los comentarios de su “blog”), pero también consiguen un efecto en otros: en gente un poco menos obsecuente (por decirlo así).

    Una de sus aseveraciones más peligrosas la encuentro en lo que Q denomina “izquierda argentina” y que él lee como la productora (causante) de una represión “exacerbada y horrenda”; por un lado, me pregunto si piensa que fue horrenda por lo “exacerbada”, quizá crea que si no hubiese sido así [exacerbada], no hubiera estado tan mal. El problema radicaría, otra vez, en el exceso. Por el otro, me digo, quizá lo haga de buena fe este señor, porque ignora (de verdadero desconocimiento, no de voluntad-de-desconocer) que la práctica sistemática de desaparición de personas está estrictamente vinculada al plan de privatizaciones de los bienes nacionales. A la decisiva incrustración del miedo en la subjetividad le siguieron los legajos que para el desangramiento de la soberanía nacional (el cuerpo de la nación a ser expropiado) ya estaban redactaditos en el Ministerio de Economía para 1982 (justo, oh, en el 82). Quizá si alguien le menciona lo que no sabe (o supo saber y después se olvidó), Q cambie de parecer o se ponga a reflexionar. No, mejor no: hay que terminar diciendo lo que sostiene Nonimo al final de su intervención.

  18. Todos sabemos –o deberíamos saber– que la cuestión no está solamente en lo que se dice, sino también, y no menos, en cómo se lo dice, en dónde, ante quien. Qué sentido va a tener concretamente eso que se dice, cómo se lo va a leer, en función de qué, ¿o es que las lecturas no son siempre interesadas? Decir todo eso que se dijo en el Malba, ¿es lo mismo que decirlo en otro lugar? Por otra parte, y como decía mi vieja, “hay cosas con las que no se juega”. No quiero decir que no puedan cuestionarse, discutirse, ver qué tienen de cierto y qué de mito: digo que hacerlo sin la mayor seriedad y el mayor rigor posible es algo mucho peor que ligereza o cancherismo. Se puede no ser solemne, y se debe, y no está nada mal provocar, si el caso lo requiere, pero hay motivos para preocuparse cuando las posibilidades de pensar quedan sometidas al vedettismo y a la lógica del show. ¿Excepto la temática y el vocabulario, hay mucha diferencia entre los debates que se ven en el programa de Rial o el de Viviana Canosa y los de eso que se llama “el campo intelectual”?

  19. si, la verdad que toda esa gente…son unos imbéciles

  20. Digo, Ema, o mejor, quise decir, que la prensa de este señor la estamos abonando aquí mismo ocupándonos de sus dichos. Si es que actúa de buena fe y en verdad ignora lo que ocurrió en el país en los últimos 30 años, será porque los pasó adentro de un frasco (con tapa hermética). Si no lo ignora, y aprovecha la ocasión para forjarse imagen de “intelectual contracorriente” o, lo que sería peor, para apoyar lo que se constituyó como discurso único a sangre y fuego, estamos de todos modos, en lo mismo: piensa y dice con rigor de taxista o peluquero (no se olviden de Giordano) ambicioso de algún carguito público más accesible en otros tiempos, donde el poder estaba en manos amigas. Puedo considerar los dichos de Fogwill, escritor de novelas, poeta, autor de artículos de opinión, o los de González, escritor, profesor universitario, funcionario público. Quintín no es ni lo que un Majul al periodismo, no ha escrito nada, todas sus energías actúan en función de instalarse como personaje, de conseguir el lugar donde la moneda le rinda. Ni siquiera enuncia un proyecto de gestión, de trabajo, de vida, más allá del mínimo interés personal (personalísimo diría, si hasta una lectora del blog les elogió, por ejemplo, la “valentía” de no haber tenido hijos). Si tiene acólitos en su blog, si Fogwill lo invita, allá él, allá ellos. Pero allá, con la línea demarcatoria bien clarita: de ésa vereda por la que otros evitaremos pasar. El mundo y la vida misma, vistos desde una perspectiva más trascendente, muestran la nimiedad de estas ambiciones, la vanidad de estas palabras, de estos gestos grotescos por figurar, a fuerza de entrometerse en todos lados. Otros como yo, como muchos de ustedes, seguramente, preferiremos no hacerlo, estar en otra. La rueda seguirá girando y lo que hoy ocupa el sitial más alto, descenderá, para cumplirse así una ley física mucho más trascendente, ineluctable.

  21. Las tres almas burguesas y la política del olvido: el título que le ha dado Omar al post define con exactitud la esencia del problema, que por supuesto trasciende a Horacio González, Quintín, Caparrós o Fogwill. Es la tensión de la mala conciencia pequeña-pequeña burguesa, una herradura ideológica que soportan los personajes del debate. Se está hablando de ellos pero más allá de ellos. Es la miseria de la ideología argentina. Lamentablemente no estoy de acuerdo con que estas opiniones sean intrascendentes o nimias, por el contrario son manifestaciones preclaras indicando un trauma postdictadura no resuelto. Los argentinos con formación cultural (no hablemos de los pobres) tenemos un síntoma, el Síntoma de los Setenta, una neurosis colectiva que sólo la hará desaparecer o bien una revolución haga tabula rasa o bien la desaparición biológica de la generación que lo porta. El Síndrome de los Setenta tiene etapas, como todo desarrollo neurótico, una que va de 1983 a 1989; otro de 1989 a 2001; de 2001 a la actualidad. Cada una tiene su propia agenda, sus temas del día, sus censuras y represiones, sus falsos ejes de discusión. Pero cada una ha trabajado la memoria contra la historia, una necesidad ideológica de proyección e ilusiones socialmente necesarias. Se trata siempre de una política del olvido, ya sea ignorando datos, distorsionando hechos o mantiéndolos en el silencio. El trauma de esta neurosis es la Derrota en el más amplio sentido: la decadencia argentina, la imposibilidad de desarrollar una democracia moderna, la traición de la clase política (incluyendo a Perón), la colaboración con la dictadura militar de amplios sectores de la población y el falso callejón de salida del populismo. La clase media necesita no recordar todo, falsear la reconstrucción de la memoria, ocultar su propia desvergüenza. En este contexto es donde es que hay que discutir la opinión de Quintín & Cia.y el debate sobre el 24 de marzo de 1976. Las efemérides y rituales estatales, la “fiesta revolucionaria”, es un invento burgués que pretendía contraponerse al calendario oligárquico. La conmemoración es el acontecimiento de una jornada que pretende, aunque fugitiva, tener perdurabilidad. Dime que régimen tienes y te diré que efemérides conmemora el estado. Argentina burguesa sigue esta noble tradición inaugurada en 1789: la fecha conmemorativa se desarrolla como un “acto fundador”, una comunión instauradora, el foco ideológico de una promesa, la necesaria ilusión estatal que permite fraguar el cemento ideológico. La burguesía escande el tiempo en un calendario político-ideológico acorde a las relaciones de fuerza entre clases. Ahora es necesario que un acto significativo marque el encuentro de la falsa comunidad, una relación indisoluble que enmascare la sórdida guerra civil larvada hasta la próxima crisis, una ceremonia que cierre el cortocircuito entre ciudadano y bourgeois. El gran Marat ya ponía a sus lectores en guardia contra la retórica conmemorativa y el ceremonial cívico abstracto. Cada ciclo interrumpido en la historia burguesa necesita una nueva regeneración ideológica, nuevas ilusiones, (re) inventar la tradición. Con el 24 de marzo se trataba de borrar el recuerdo colectivo de un conflicto de clases anterior y refundar el vínculo social y la lealtad de masas. No he leído las ponencias en el MALBA (un lugar emblemático para la clase media argentina que quiere autoconvencer que consume como en Europa y espera el iPhone como al Mesías) así que me baso en el post de Quintín. La discusión sobre el 24 de marzo de 1976 es un revelador fotográfico en blanco y negro de la ideología argentina: Fogwill es la clase media nietzscheana culta (es sociólogo aunque nos quiera hacer creer que es un personaje de Kerouac) que nunca leyó a Nietzsche (ni a Marx), cínica e individualista (le preocupa las pequeñas sumas de dinero a Hebe como un tendero de Once), el pequeño académico devenido nihilista, el anarquismo espontáneo que vive del estado (y al que no cuestióna), una contradicción viviente, que sabe la verdad de la cosa (la figura de la mediación tanguera “Pibe, te lo dije”), que ya se ha abstenido no sólo de compromisos políticos serios (si los tuvo alguna vez) sino que ve con desdén la vida política sans phrase (ya tuvo debates con González por temas similares y ambos comparten curiosamente el mismo canon literario y sus lecturas son ligeras por no decir de segunda mano). Fogwill dice la verdad, cree la versión más reaccionaria y cínica de la “Teoría de los Dos Demonios” pero no cree en lo que dice. Fogwill es la figura de la mediación del dandysmo aristócrata de la pequeña burguesía intelectual porteña,e sa que épater le bourgeois. Falubert lo llamaría Terrifie les bourgeois par tes extravagances. Aparte de ser divertido y marketinero, es barato. Quintín es otro segmento del mercado. enarbolando “naturalmente” las tesis menos reaccionarias de la “Teoría de los Dos Demonios”: eran lo mismo, el problema es que el Ejército utilizó medios ilegales (”represión exacerbada y horrenda”), su corazón declama y enaltece la gesta del alfonsinismo heroico, es un guevarista liberal: desea uno, dos, muchos Pactos de Moncloa, es un inconsciente jacobino a lo Mariano Moreno (eliminado lo inquietante de las revoluciones populares), el antiperonismo flota como el agua pesada en sus cerebros (aunque Kirchner sea una parodia invertida de la comunidad organizada lo rechazan con el mismo asco) pero Quintín da en el clavo:el 24 de marzo es un ritual esencial del estado burgués post 1983 (de la forma-estado como diría Marx) para “validar” un pasado (un pasado horrendo de muerte y explotación que incluye al radicalismo y al peronismo) pero también un “futuro” (con la democracia se come, se educa o en el caso de Kirchner reprimir el diciembre de 2001 y legitimar la enorme transferencia de riquezas del 2002 inéditas en la historia argentina). Caparrós se equivoca en lo formal: nadie “festeja” el 24 de marzo de 1976, como nadie festeja el 1º de mayo. El 24 de mayo funciona como aquella anécdota que cuenta Montaigne en la cual Jerjes derrotado por los griegos de manera humillante había dado la orden que un criado todos los días se le acercará y le susurrará al oído: “No te olvides de los griegos”. Era ésa la función por la cual luchaban en 1983 la mayoría de los militantes honestos: N”o te olvides nunca del terrorismo de Estado”. Y otra era la función que pretendía el estado argentino. Los “festejos”, hacer de rituales obreros, populares. revolucionarios, fiestas litúrgicas del estado fue una operación de reconversión y transmutación que comenzó el fascismo italiano, el nacionalsocialismo y aquí el benemérito Perón. Caparrós está bien asentado en el presbiterio de la ideología del setentismo. Es el conserje en el santuario de los Años ‘70, limpia sus altares mayores y menores, mantiene viva la llama como una vestal, sostiene la historia hagiográfica de los padres fundadores de la Tendencia revolucionaria y hasta de los santos menores (ahí está la Voluntad), mantiene las imagenes sagradas iluminadas, ha creído en el cuerpo místico de Perón y la comunión con la juventud. Caparrós se ha quedado en la etapa heroica y pionera, la Iglesia montonera militante o peregrina (fue camarero en Londres en donde se enteró del golpe militar,), y en algo de la Iglesia montonera purgante o en camino de purificación (fue expulsado por la organización). Caparrós de ida está yendo a a Ezeiza a esperar al Pocho y de vuelta todavía se está yendo de la Plaza de Mayo en 1974. No soporta ver al peronismo “encarnado”, ni ahora ni en 1973, no aguanta ver mezcladas con la empiria de lo real al montonerismo ideal. Por eso se cabrea desde el presbiterio, no le gusta que con el pasado mítico y su mártires de “decisiones fuertes” se justifique este pobre esperpento de la comunidad organizada (inspirada en la doctrina social de la Iglesia y en el fascismo italiano aunque no lo crea). No puede creer que el engaño generacional haya sido tan amplio, tan profundo y tan patético. Todos en el debate comparten un denominador común del pequeñoburgués argentino (porteño): han defeccionado de la acción política. Caparrós también abandonó la política (”hace treinta años”, hagan cuentas…) y el compromiso militante pero los tempos son diferentes a los de Fogwill. La clase media argentina tuvo su desencanto en etapas asimétricas y llenas de hipocresía, vergüenza e ignominia. Los tres paradójicamente coinciden en un presupuesto reaccionario al que llegan por diferentes vías (sin demostrar): la toma violenta del poder para la construcción del socialismo no funcionó (ni está funcionando) en ningún lugar del mundo. Si la burguesía es violenta, como en 2001 y 2002, nosotros debemos colocar la otra mejilla, nos dicen en diferentes estilos. Caparrós, Fogwill, González, Quintín han retrocedido más allá de la propia teoría de la violencia liberal que justifica no sólo la desobediencia civil constitucionalmente sino incluso el tiranicidio. hasta ese punto a retrocedido nuestra culta y preparada clase media y sus intelectuales orgánicos. Sus reflexiones no son inocentes: son manifestaciones por diversas voces de un síndrome que dificulta la reconstrucción de la memoria y que distorsiona la historia . Todos ellos recomponen muy mal el pasado argentino. El Síndrome de los Setenta está en su etapa final y aquí están los últimos estertores. La verdadera historia de los años setenta y su balance honesto y racional no la escribiremos nosotros. Esta anamnesis, este rescate de la verdadera historia argentina de los últimos años, sí que será una verdadera revolución.

  22. Creo que tenés razón, Nicolás, lapidariamente tenés razón. Los reyes tuertos de una Argentina ciega, serán.

  23. No me parece que González quepa en la misma bolsa. Tampoco es intachable, claro, pero quién es intachable. Empaquetar es demasiado fácil, Nicolás: si es cierto que González padece una patológica incapacidad de decir “no” cada vez que lo convocan, lo suyo nunca estuvo en la provocación, el escándalo, el desplante ni el show. No hay ligereza en lo suyo, y esa es una diferencia: puede haber, y hay, pifiadas que entran a veces en el campo de la ligereza, pero no me parece que sea esa su actitud. No digo nada respecto del hecho de que es funcionario (bastante más un calvario, en su caso, que un privilegio) porque supongo que no es eso lo que le objetás, ni te imagino entre los que juegan al “péguele al funcionario por el solo hecho de serlo”. Lo que hace, en todo caso, como funcionario, corresponde a otra discusión, que también puede darse.

  24. La comedia convocante: González-Quintín-Fogwill

    El fenómeno de la publicación de ideas por fuera de los poderes emisores establecidos ha experimentado en los últimos años a través de los soportes web un significativo crecimiento cuantitativo y cualitativo en todo el mundo, lo que ha motivado que ya deba ser tenido en cuenta como un elemento más en circulación con cierta influencia real en buena parte de la formación de opinión. En el caso particular argentino la cultura establecida gobernada por los principales holdings multimediáticos y editores cuyos efectores comunicacionales -dependientes directa o indirectamente de ellos- son el conjunto de escritores y periodistas que detentan una cierta “posición”, han ido reaccionando de diversa forma ante el fenómeno. Por ser un proceso novedoso y sin precedentes, han tenido a la vez que procesar su comprensión, actuar en consecuencia elaborando estrategias de reacción al mismo tiempo que lo iban conociendo y descubriendo sus alcances. En el camino han sufrido diversos entusiasmos y decepciones tácticas, han jugado al juego de prueba y error hasta ir concluyendo con la experiencia algunas estrategias comunes. En toda este proceso se produjeron reacciones dispares dentro de ese poder cultural que variaron entre un reconocimiento y un reflejo del fenómeno en el sentido informativo, escrutándolo como tendencia social, hasta la toma de conciencia de los peligros que representaba para la estabilidad de todo el orden que legitima y da vida a su poder comunicacional. La antigua estrategia del ninguneo, la primera y más sencilla de las operaciones que se practicaba con todo expresión externa en la era pre-web, demostró su inaplicabilidad en la era de una hiper-comunicación incontrolable ya que dada la enorme difusión de sus hábitos era imposible no dar cuenta de su existencia a riesgo de perder el contacto con la realidad que se reflejaría en una disminución del consumo de esos medios. Los medios se encontraron ante un dilema: primero tener que dar cuenta del fenómeno, lo que significaba darle inclusión y difusión, pero al mismo tiempo diseñar una estrategia de neutralización que alejara los peligros que su potencial crecimiento y consolidación representarían para su hegemonía. El gran medio que linkeaba un blog alternativo, por ejemplo, no tenía conciencia al principio que tal vez estaba alimentando a su propio enemigo. Las opciones fueron varias, pasando por el obvio intento de desacreditación, pero parece haberse impuesto últimamente la cooptación. Desde crear soportes de blogs hasta patrocinar bloggers oficiales cuyos contenidos sean neutralmente “literarios” e inocuos; con notas sobre algún viaje de Borges a Tanzania o sobre un ignoto escritor checo que escribe cuentos sobre las hormigas desculadas de Manhattan, que mantengan el perfil lejos de cualquier intervención de opinión incómoda. Es el caso La Nación y Clarín principalmente.

    El operador al que Genovese hace referencia en su convocatoria al debate –Quintín- es un producto esencialmente de la versión progre del menemismo, su perfil es el de un cronista de espectáculos de la cultura. Al fin y al cabo la concepción cultural dominante desde el menemato a esta parte no es otra que esa, la cultura es un parte de la farándula, una península intelectualoide del show business. En principio, y obviamente, se dedicó al cine para usufructo natural de la resonancia prestigiosa del nombre de su padre Manuel Antín. Luego su olfato comercial que justo es reconocerle como atributo, le indicó que el mayor rating cultural pasaba no por el cine sino por el alto consumo de los puteríos circundantes al mundillo literario. La prensa cultural se le llama a un conglomerado amorfo compuesto principalmente por los suplementos culturales de los diarios. Cualquier principiante en el arte de estudiar mercados se dará cuenta que este segmento está compuesto por los consumidores de libros y lectores de diarios; perfil de clase media alta pseudo intelectual, snobistas y adictos a la ficción, ávidos de leer materiales que agiten las aguas alrededor del espectáculo literario; puesta en escena de estrellas y estrellados, vulgarización políticamente correcta de tópicos políticos o sociológicos, polémicas banales, hojarascas pseudo filosóficas, reseñas efectistas, noticias y chimentos alrededor de los escritores, etc. Una versión culturosa de lo que Jorge Rial, Samuel Gelblung o Lucho Avilés hacen en relación al espectáculo televisivo. Su llegada a la web primero en los Trabajos Prácticos respondía a esta forma de olfatear los negocios. Su dedicación casi obsesiva, sus reseñas desproporcionadas de todos y cada uno de los libros de ficción que encuentra a su paso le permitieron una repercusión que garantizó el conchabo de su pluma por parte de varios medios. Su engendro “La lectora provisoria” implicó una hábil sociedad marketinera con Tomás Abraham, un “filósofo” que ya era marca registrada para el consumidor cultural habitué de las revistas Gente y Caras. Detrás de ese infeliz título se edifica un site con contenidos de tercera categoría y comentaristas de cuarta que hacen gala de un patético cholulismo. Que omita los links a otros blogs ya que su objeto se enmarca dentro de la estrategia del silenciamiento; su blog es un puente funcional a lso medios para cooperar a favor de su rating lector que asegure su salario, jamás podría contribuir a lo contrario.

    La nota en primer lugar muestra la pusilanimidad de mentecatos de dos tipos frente a un escritor como Rodolfo Fogwill, lo que da cuenta instantánea de la baja estofa de todo lo que rodea a este sub-mundo. Si no se animan a criticarle un libro por temor a su reacción cólerica, que podemos esperar entonces de lo que escriben suponiendo que deben comprometerse como periodistas libres frente a los poderes de turno. Fogwill, aparte de jugar bien su personaje de calentón guarango, apela a mostrarse como el más políticamente incorrecto de los políticamente correctos, para lo cual les suficiente con desafiar algunos tabúes y vacas sagradas conceptuales del progresismo izquierdoso del ambiente cultural que, dicho sea de paso, últimamente padece de un subyugamiento k-peronista galopante. No le cuesta porque naturalmente es un tipo políticamente incorrecto por más que trate siempre de dar alguna puntada a favor de cierto progresismo indeterminado. Su discurrir causa un tormentoso estupor en un medio donde reina la más obscena condescendencia y la más temerosa prevención.

    Lo que por último y principal me resultó patético, y un indicador inquietante, fue el pánico neuromuscular que manifestó Quintín en el párrafo final de su nota a una confrontación de ideas diferentes entre González y Fogwill. Es grave, o se está consumiendo alguna sustancia que paraliza los centros de la adultez intelectual o el campo progresista que transformó en un refugio de maricones que no se animan a pensar por si mismos más allá de los clisés por temor a la reprobación de los otros progresistas. ¿Será que se siente real pavura por la reacción de los bravucones que se creen dueños de la ortodoxia doctrinaria y amenacen autoritariamente a la libertad de pensamiento en materias como los sucesos de los setenta? Si así fuera sería un índice de decadencia demasiado evidente y no porque sea el caso de Quintín sino porque temo que se ha convertido es una actitud generalizada. Hoy pareciera que se evita a toda costa penetrar en los temas espinosos del debate ideológico, como si se temiera la reacción insultante de Bonafini o Bonasso -por citar dos ejemplos- ante cualquier esbozo de razonamiento que se aparte un ápice de sus diminutos horizontes dogmáticos oficialistas. Liberado el pensamiento progresista del enemigo exterior –la dictadura- está cayendo bajo la amenaza del enemigo interior. Y creo que si la izquierda no recupera urgentemente el debate interno en serio que incluya la apertura y la autocrítica más abarcadora posible, y que ponga fin a tanto tabú y a la intolerante ortodoxia de los que se creen únicos detentadores de la verdad histórica, seguirá cayendo en picada por el precipicio de su decadencia intelectual y política.

    Entrar a polemizar las afirmaciones de Quintín no me interesa, aparte de miedo yl desconcierto, hiló alguna que otra aproximación interesante mezclada con resonantes patinadas típicas de su manejo inhábil de los instrumentos de la razón: particularizaciones erráticas e inconducentes como la descalificación de Martín Lousteau por portación de padre, y generalizaciones equívocas que todo y nada incluyen mal, y que habilitarían las refutaciones hasta de lados ideológicos contrarios:

    “Hace treinta años, el desprecio por la democracia y enormes errores políticos de la izquierda argentina produjeron una represión exacerbada y horrenda”

    Pero el tema propuesto va mucho más allá lo que opine Quintín, es demasiado trascendente para que su marco de referencia sea la opinión de este operador periodístico tan insignificante.

    El 24 de marzo y los 70: El día y la década de la política K

    No me merece objeciones la gestión del gobierno en buena parte de los temas de derechos humanos como la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final o la promoción de juicios a torturadores y/o apropiadores de niños, donde es innegable que logró avances importantes. Pero si tengo una visión muy crítica sobre su teoría sobre los sucesos de los setenta y su montaje político como discurso socio-histórico hegemónico. Esa teoría podría llamarse “el que no está con nosotros es el demonio”. Así de torpe es la manipulación del debate con el que el gobierno defiende sus intereses y amonesta al pensamiento libre sin distinciones. O se compran incondicionalmente todas las consignas oficiales en la materia o se es un facho defensor de militares genocidas. Conmigo o con el demonio, típica triquiñuela autoritaria; sólo admiten dos categorías de personas en relación a ellos: adictos o enemigos.

    El dibujo kirchnerista del 24 de marzo y de toda la etapa de los setenta me parece poco sostenible a la luz del más mínimo análisis serio de la realidad. Se trata de una versión de propaganda casi para infradotados, muy de la mano de su prepotente populismo basado en la administración discrecional y unitarista de los sojadólares de la gran “Kaja” y en una cobertura mediática épica que haga que los únicos mártires de la historia fueron sus cuadros afines. Es un planteamiento falso, pueril, reduccionista y oportunista. Entre sus principales elementos se destacan: apropiación facciosa del concepto de memoria y justicia, la exclusión del papel de Perón en el diseño y ejecución del plan de eliminación de la izquierda peronista y de toda la izquierda, la idealización de un López Rega autónomo y caído del cielo, el silencio sobre el desgobierno de Isabel, ese “pudridero” como decía Eduardo Galeano, desbordante de bandas armadas en pleno descontrol, la liquidación de parte de su misma caótica soberbia de cualquier alternativa de salida institucional a aquella crisis, el coqueteo con los sindicalistas fascistoides, la negación del debate y la crítica de los proyectos de insurrección armada de la época y su trama de relaciones, la omisión de toda referencia al accionar de la clase política de aquel entonces en la trama de los hechos, y largo etcétera. El peor defecto de este gobierno en el aspecto cultural es que impone un “de eso no se habla” sobre estas cuestiones, un intolerante patoterismo intelectual que pretender clausurar el debate instalando su versión de algunos hechos históricos como una verdad oficial; de apropiarse para sus intereses de toda una época que es patrimonio exclusivo de cada argentino que la padeció.

    El kirchnerismo está interesado de borrar de la memoria el accionar guerrillero, político, militar y paramilitar pre 76 para así lavar todos los posibles trapos sucios de su participación en esa historia., so pretexto de hacerse el hiper revolucionario y brindarle a todos los grupos insurgentes de los 70 la gracia de una inmunidad absoluta a toda revisión crítica y a todo eventual juicio criminal que pudiera tocarles. Empezó por anotarse en la lista de aprovechadores de la desgracia ineluctable que padece Ernesto Sábato desde que fue sindicado como el autor de la teoría de los dos demonios a través del famoso prólogo del “Nunca Más” cuando aseveró que al terrorismo de acá se lo combatió con el terrorismo de allá. Pero el peronismo deseó siempre la caída en desgracia del “Nunca Más” reputado como un mérito político del la UCR, y el cambio de su prólogo realizado en el 2006 tuvo por objeto lavar cualquier salpicadura peronista política y judicial que pudiera caer sobre los sindicados como “grupos terroristas”, y no porque pretendiera una reivindicación del accionar de todos los grupos. A partir de allí cuesta encontrar que se haya seguido el debate ya que lo que interesa es congelar la postura del gobierno como la verdad oficial, y entre otras cosas impide la revisión de aquella compleja trama de episodios donde no todo era lo mismo.

    Democracia, la enfermedad y sus remedios setenteros

    Por ahí se desliza el tema de lo poco que se valoraba la democracia en aquellas épocas. Es cierto, nada de nada se valoraba y es lógico porque casi nunca se la había conocido. En realidad se creía en el arribo violento y directo a objetivos de máxima un tanto indefinidos como el “socialismo nacional”, o “la revolución permanente” pero a través de la lucha armada; si el pueblo apoyaba, mejor, sino daba lo mismo, la política se impondría por la fuerza. Si el otro pensaba como yo, mejor; si pensaba diferente se lo declaraba enemigo y se lo suprimía; eso de complicarse la vida con la tolerancia, el pluralismo o la democracia eran paparruchadas burguesas. Se me dirá que se aspiraba a una sociedad “socialista” que iba más allá de estos ideales que nombro que son los típicos de las democracias liberales por cierto. Está bien, pero entonces ¿que tipo de socialismo nos esperaba? ¿El que decidieran un par de soberbios mesiánicos iluminados, al que habría que aceptar sin posibilidad de pensamiento disidente alguno? ¿Qué elementos caracterizarían a este socialismo superador de la democracia burguesa? Obviamente no era el mismo socialismo con el que soñaban los del PRT- ERP, ni otros grupos radicales, ni tampoco el de algún grupo socialdemócrata. La respuesta es que nunca hay un solo tipo de socialismo, y que cada régimen vale por los valores y la materialidad de sus políticas concretas y particulares en relación a la vida de la gente, y no por el nombre que lleve. Cualquier asqueado del mundo burgués como yo al menos aspiraría que si le proponen vivir bajo otro sistema social, tengan a bien hacerle saber que no ha de ser peor que el que tiene, sería inadmisible encontrarse con la pesadilla refranera de que es “peor el remedio que la enfermedad”, máxime cuando uno no ha podido dejar morir todavía el sueño de inventar y fabricar un buen remedio para la enfermedad liberal capitalista.

    ¿Que había de sustancia ideológica en aquel “socialismo nacional” que tanto se idealiza hoy día con romántica melancolía Caparrósica, presentándolo como “el sueño de unos jóvenes de una sociedad más justa e igualitaria”? ¿Que tipo de sueño voceaban aquellos imberbes de la JP? Con referentes de talla tan asimétrica como Galimberti y Walsh, aquel contradictorio “peronismo de izquierda” –que algunos opinan que esta construcción conceptual es casi un oxímoron- era una fuerza que se identificaba ante nada como peronista, proveniente en gran parte del nacionalismo católico, articulada en torno a su brazo armado Montoneros, sin una contraparte intelectualmente dotada para establecer unas bases doctrinarias consistentes; con una conducción de pésima categoría política que reducía todo a la soberbia armada y militarista blandiente de desarticuladas consignas que mezclaban por igual políticas de izquierda y de derecha. Su “socialismo nacional” por momentos se parecía más a una suerte de “nacional socialismo” donde la verticalidad y la intolerancia serían las banderas que estarían por encima de la libertad y la igualdad. Su teoría, a pesar de la pobreza intelectual que los caracterizaba, no creo que haya sido tan ingenua para basarse en la idea de que un anciano Perón se iba a volver de pronto un socialista que armaría las bases de un régimen de tal signo, sino que supongo habrán apostado -como muchos- a lo que iba a suceder después de su muerte (que por entonces se presentía inmediata dado el deterioro de su salud) para poder hacerse cargo de la sucesión de ese tremendo capital de liderazgo y poder. Su ansiedad los traicionó bastante y el anciano Perón, que no había perdido un ápice de su astucia, se dio cuenta que debía actuar de inmediato y poner en caja a esos muchachos tan entusiastas y confusos que podían llevar al peronismo fuera de sus cabales cuando a él le tocara irse de esta tierra.

    Santos, demonios y más demonios

    Se equivocan los que pretenden establecer como un automatismo conceptual que poner sobre la mesa de análisis el accionar guerrillero es ya dar por válida la teoría de “los dos demonios” que alguna vez cierta corriente bienpensante esgrimió como modo de explicar simplificadamente la realidad para conformar a todos. Demonio hubo y habrá siempre uno solo, el demonio de los crímenes contra la humanidad es indiviso, no tiene banderas, en todo caso lo que obviamente es debatible son las opciones del uso de la violencia política en determinadas circunstancias; allí habrá posturas y matices diversos donde tal vez ingresemos a túneles irreconciliables aún entre concepciones ideológicas afines, pero la reflexión crítica e historiográfica de lo actuado por los grupos armados de los 70 no puede esconderse debajo de la alfombra mágica de la condena a la dictadura.

    Los horrores de la dictadura, las responsabilidades intransferibles de todo su elenco de desquiciados genocidas, la trama de sus apoyos internacionales vía las políticas de seguridad de Estados Unidos y el Plan Cóndor, la responsabilidad de sus aliados políticos locales –los directos de la derecha y los no tan directos de la no tan derecha- y toda la culpa de esa fauna maldita de la atrocidad sistematizada no ha de relativizarse de ningún modo porque al mismo tiempo se haga una revisión crítica del accionar de los grupos guerrillero y de toda la clase política de los 70, como nos quieren hacer creer algunos. Una revisión que cada argentino que desee debiera hacer con total libertad sin el condicionamiento ni la coacción de grupos que se yerguen en dueños de la verdad y que pretenden hacer de consignas verdades sagradas e intocables. No puede venir ningún intolerante o fanático, por más monje psico-bolche que haya sido en su juventud a pretender lucrar políticamente con el silencio y la imposición de sus consignas mediante la coacción, la difamación y el acoso ideológico.

    Es insostenible afirmar que cualquier juzgamiento crítico a esos grupos y sectores significa una automática expiación o relativización de la gravedad de las responsabilidades de las atrocidades represivas de la dictadura. No se trata de “equiparar” culpas ni crímenes sino de asignar lo que se deba asignar a cado una de las muchas partes que tuvieron ingerencia en los sucesos. El problema es que se pretende ver teorías de los dos demonios en cualquier análisis que incluya a los grupos guerrilleros y la clase política de aquella época, y que se aparte de la condena monotemática a la represión como cierre del análisis. No es aceptable un mecanismo de interpretación tan tramposo que establezca que la única forma de ser justo en la condena a los militares es al mismo tiempo proclamar la santidad de todos los demás involucrados en aquella violencia. El demonio genocida fue demonio por lo que le hizo a los que formaban parte de grupos guerrilleros y a los que no, por lo que le inflingió a todo un pueblo, no por la supuesta heroica santidad de sus enemigos combatientes. El modelo kirchnerista dibuja el demonio por un lado para reservarse sólo para si mismo el papel de santo; cero autocrítica, cero responsabilidad.

    Sobre ese tipo de planteos ingenuos, autistas y un poco fanáticos carentes de la mínima entidad historiográfica es imposible debatir nada. Es simple autodefensa obsesiva de quién pretende inmacularse a través de las culpas del enemigo. Las culpas de un bando no exculpan las culpas del otro, por más que las juzguemos mayores, menores o diferentes. El punto es que las responsabilidades de los actores del terrorismo de estado por sus atrocidades cometidas son imprescriptibles, inmodificables e irrelativizables independientemente de cómo juzguemos las acciones cometidas por los grupos guerrilleros o el accionar de aquella clase política. Supongamos a modo de ejemplo que juzguemos a algún grupo insurgente de aquellos como asesinos hijos de puta en vez de héroes revolucionarios; eso no disminuye la responsabilidad de un Massera por ejemplo como autor responsable de genocidio y terrorismo de estado como conceptos generales, incluyendo una macabra lista de aberraciones particulares como torturas y robo de niños con asesinato post parto de la madre. No es necesario convertir en inocentes idealistas a todos los demás para que los genocidas lleven para siempre el peso de su horrenda carga criminal. Esta idealización es una especie de soberbia narcisista de los que se han creído encarnación de la virtud y seres exentos de errores y responsabilidades por sus actos.
    Sucede lo mismo en el derecho penal doméstico, por ejemplo, en un caso de violación seguida de muerte de una mujer indefensa: no importa si la víctima era puta o monja, santa o delincuente, la responsabilidad del violador y asesino no es atemperada ni se agrava por ninguna de estas razones. No hay igualación y no hay dos demonios.

    La determinación del número de 30.000 para los desaparecidos fue puesta por alguien alguna vez, pero resulta que quiénes se animan sólo a plantearse dudas de ello como dato histórico y pretenden investigar el tema son objeto de desmedidas reacciones agresivas de parte de muchos sectores de la izquierda ¿Cual es el problema de confrontar las diferentes investigaciones sobre la determinación del número? Creo que la búsqueda de la verdad histórica es un deber superior a cualquier otro en esta materia. Los datos objetivos prueban suficientemente que hubo genocidio, masacre social y terrorismo de estado, ¿que sentido tiene entonces fanatizarse sobre una estimación de 30.000 como si fuera un fetiche? Se habla de que son “temas sensibles” y que hay que “tener cuidado”. Eso me parece una amenaza irracional de ninguna forma atendible, lo que si creo es que tal vez las reacciones desmedidas a la sola mención de querer investigar cifras proviene de grupos donde hay víctimas directas sobrevivientes de aquel flagelo o gente cercana afectivamente a las víctimas desaparecidas –obviamente familiares, amigos, compañeros de militancia-; esto hace entendible que estén muy sensibilizados en lo profundo y que sientan que toda mención del tema es un intento de minimizar o relativizar las cosas. La sensibilización de los sectores ligados directamente a las víctimas de violencias sociales graves es un fenómeno generalizado en la historia del mundo; sucede todo el tiempo respecto del holocausto judío por ejemplo y de todo tipo guerras, la sola mención de ciertas palabras o conceptos a gente ligada a las víctimas suele suscitar reacciones desmedidas hasta con cierto grado de paranoia que impide el equilibrio necesario en los juicios. Esto que es entendible, pero también es algo que debiera superarse urgentemente, y son los dirigentes e intelectuales no ligados a las víctimas quienes tienen una responsabilidad diferente y debieran obrar con serenidad a la hora de aportar sus análisis. A la verdad se llega con la pasión por no desfallecer en toda investigación de los hechos por más difícil que parezca, eso es lo que ha permitido avanzar bastante en el tema de las apropiaciones de hijos y nietos por ejemplo.

  25. PERONISMO y REPRESIÓN: el Huevo de la Serpiente

    Este texto tiene tres años. Son notas sueltas escritas con rabia pero creo que puede servir como ilustración y aporte al debate. Disculpen la torpeza en el estilo y algún error gramatical.

    El Huevo de la Serpiente: Peronismo y Represión
    Teniendo en nuestras manos las grandes banderas o causas que hasta el 25 de mayo de 1973 pudieron esgrimir… harán que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República.
    (Juan Domingo Perón, 1974)
    Traer al simpático líder tercermundista “El Pocho”, que vivió su exilio dorado en paises con dictadores militares (desde Stroessner en Paraguay, por cierto: al general corrupto y asesino de Stroessner lo bancó Perón en el ‘50 en su golpe de estado contra el gobierno democrático de Bogado aportándole dinero y armas, hasta Trujillo y Franco en España, datos históricos) fue una maniobra en la cual consensuaba toda la derecha, incluido el partido militar…En sus jugosas memorias, el general Lanusse concluía que la única salida para parar la revolución en 1972 era traer a Perón convocando elecciones… El temor del capitalismo era la alianza espontánea, un nuevo bloque histórico, en las luchas entre el nuevo movimiento obrero y la clase media radicalizada… La Triple A, el “Somatén” peronista inspirado en los paramilitares españoles, fue la primera fase del Proceso de Reorganización Nacional. Perón en 1973 fue el prólogo fallido del golpe del 24 de marzo de 1976… para más pistas seguir palmo a palmo la represión: el primer asesinado por la Triple A fue en julio de 1974, recordemos que Perón asumió en septiembre del mismo año. Con Perón en vida fue imposible investigar los secuestros, atentados y matanzas que se planeaban desde el cenit del estado, incluso un investigador independiente nombrado por el Ejército (espantapájaros) se tomó su trabajo tan en serio que hubo que asesinarlo. Su nombre: Capitán Martín Rico, recientemente ascendido por Kirchner. El manto de silencio sobre la responsabilidad de la corporación política es tal que la CONADEP se creó anulando toda investigación y denuncia previa al 24 de marzo de 1976. Es la lógica de la politiquería nacional: allí quedan en el olvido el asesinato impune de entre 2000 y 3000 personas, más los incontables exilios forzosos y muertes indirectas. La CONADEP calificó al gobierno justicialista con el curioso eufemismo de “prueba piloto” (¿?). Para darse una idea los tres primeros meses de 1976 hubo 600 ejecuciones con secuestro, tortura y vejación atribuibles a los cuerpos francos del PJ.

    El aparato represivo “legal” del peronimo fue el siguiente:

    Legislación que penalizaba las acciones terroristas subversivas. Ley 20.840.

    Debido al incremento de acciones criminales de las organizaciones terroristas, junto con su intención manifiesta de ejecutar una guerra integral contra el Estado Nacional y veintidós días después del “pasaje a la clandestinidad de Montoneros”, el 28 de septiembre de 1974, el Congreso Nacional sancionó la Ley 20.840 “Delitos contra el Orden Constitucional y la Paz Social” que penalizaba, al margen de la legislación vigente, a aquellos que preconizaban alterar o suprimir el orden constitucional y la paz social de la Nación por vías no establecidas en la Constitución Nacional (Con una pena de tres a ocho años).

    Creaba, además, otras figuras punibles que afectaban la publicidad y propaganda de las organizaciones terroristas subversivas (con penas de dos a seis años) y también a otras acciones que beneficiaban el accionar de éstas mediante acciones económicas fraudulentas y otras (con penas de dos a seis años y multa ).

    Las penas se elevaban si era funcionario público o si siendo síndicos, directores, administradores o gerentes no denunciaban la comisión de los delitos enumerados en la ley.

    El movimiento obrero organizado y la lucha contra el terrorismo subversivo.

    Es totalmente comprobable en los periódicos de la época, que el sector obrero en su máxima expresión, la Confederación General del Trabajo, (CGT) apoyó siempre, firme y explícitamente, las acciones de las Fuerzas Armadas, así como las de las Fuerzas de Seguridad y policiales, en el tiempo en que las organizaciones terroristas subversivas asolaban nuestro país, aun cuando hubiera gobiernos de facto.

    Entre otras demostraciones, recordemos que en octubre de 1974, organizó una huelga simbólica de 45 minutos para manifestar su repudio al terrorismo. Al mes siguiente, rindió homenaje a los oficiales de las FFAA muertos en la “lucha antiguerrillera”.

    En Tucumán, el 26 de febrero, dirigentes de la CGT y de las “62 Organizaciones gremiales” peronistas visitaron la sede del Comando de Operaciones de la 5ª Brigada de Infantería donde entrevistaron a su Cte, Gral. Adel Edgardo Vilas para “testimoniarle su más profunda fe en la acción antiguerrillera del Ejército”. También en agosto de 1975, la CGT, expresó en un comunicado “su permanente identificación con los soldados de nuestro glorioso Ejército, en su lucha contra los terroristas”. Es razonable que la dictadura militar protegiera y dejara en funciones a la burocracia sindical peronista.

    El peronismo debería derogar sus propios “indultos” históricos y realizar un “mano pulite” de su vergonzoso papel histórico: fue el Huevo de la Serpiente.

    Los Centros de Detención Clandestinos (CCD) se crearon con el Peronismo
    Los “CCD”, en la terminología burocrática del estado terrorista, fueron diseñados y creados por la eminencia gris del PJ durantes los años 1973-1976. Creación también peronista fue la “desaparición forzada” de personas. Un breve racconto.
    La ideología es curiosa porque es ilusión y proyección. Es mundo real pero escindido por un velo ideal. La ideología argentina es un mito, un mito construido en 1983 por las clases dominantes y la clase política. Consiste en “demonizar” al partido militar, censurar y reprimir el papel “civil” y/o “económico” pero, como segunda tarea no menos importante, forzar el “olvido” sobre el papel del Peronismo en la creación y puesta en funcionamiento de la lógica del terror de la dictadura. Lo tragicómico es que aunque simbólicamente se ha colgado el sanbenito al partido militar, de justicia efectiva y concreta ni hablar. Según cálculos conservadores unos 29.000 asesinos andan sueltos. De estos, 18.000, se dedicaron a la vigilancia de los ya confirmados 488 campos de concentración, denominados Centros Clandestinos de Detención (CCD); mientras existen otros 65 en vías de identificación. Otros 6.000 integraban los grupos de tareas encargados de “chupar” argentinos y llevarlos a los pozos de tortura para, posteriormente a la mayoría, asesinarlos y hacerlos desaparecer. Son los asesinos ordinarios que realizaban con eficiencia su trabajo. Dos centenas de sacerdotes fueron parte de los CCD; y unos 5.000 civiles y militares, policías y servicios de inteligencia, le dieron cobertura al genocidio. Eran apoyo logístico, ideológico y reducidores de los bienes de los secuestrados o “botín de guerra”. En cambio, según Rodolfo Mattarolo (Subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, en un informe elevado a la ONU), de la cifra total de los criminales involucrados directamente en el dispositivo genocida, apenas la irrisoria suma de 200 está imputado por crímenes aberrantes, solamente 24 están encarcelados; y el resto, está preso en sus domicilios. ¡Veinticuatro encarcelados! Pero veamos el lado oscuro de la ideología: el amplio compromiso civil, mitad colaboracionismo activo, mitad colaboracionismo pasivo. El radicalismo y el peronismo fueron claves en el sostén cívico, tanto en funcionarios prácticos como en intelectuales orgánicos, APRA el establecimiento y consolidación de la dictadura militar. Según Juan Carlos Marín en “Los Hechos Armados”, sólo 170 intendentes, o sea el 10%, pertenecieron a las fuerzas armadas. En cambio: 649 intendentes, o sea el 38%, carecían de militancia política definida; 878 intendentes, esto es 52%, estaban de un modo u otro adscriptos a una corriente política concreta y en actividad partidaria durante 1973-1976. A su vez, si se divide el 100% (del 52%) de los intendentes aportados por los partidos políticos hasta fines de 1978, estos son los porcentajes: Unión Cívica Radical: 310 intendentes, 35.3%; Justicialismo: 169 intendentes, 19.3%; Demócrata Progresista: 109 intendentes, 12.4%.; Movimiento de Integración y Desarrollo, liderado por Frondizi, (MID): 94 intendentes, 10.7%; Fuerza Federalista Popular, liderado por Manrique: 78 intendentes, 8.9%; Partidos Conservadores ajenos a nucleamientos nacionales: 72 intendentes, 8.2%; Neoperonistas: 23 intendentes, 2.7%; Demócratas Cristianos: 16 intendentes, 1.8%; Partido Intransigente, Alende: 4 intendentes, 0.4%. EL peronismo, que maneja a discreción el aparato de estado, es el que tiene mayor responsabilidad en el “Huevo de la Serpiente”. Basta con leer los discursos inquisitoriales de Perón llamando a los militantes de su propio partido no sólo “imberbes” sino “psicópatas”
    Van dos ejemplos en este trabajo de deconstrucción:

    1) Los llamados “Campos de Concentración Clandestinos”: éste es el término burocrático con que la CONADEP denominaba a los pozos de terror y tortura, los campos de concentración, más bien de tránsito y exterminio, tristemente conocidos por todos. Lo curioso es lo que no se dice: los “CCD” fueron diseñado y creados bajo el gobierno de Juan Domingo Perón e Isabel. Del propio informe en falsete de la CONADEP surgían las pruebas concretas que el sistema de represión del terrorismo con su secuela de desaparecidos se había planeado y puesto en marcha durante el gobierno constitucional, sí el del socialismo nacional y la Argentina Potencia: en la pág. 201 se dijo: que la Prisión Militar de Encausados “Campo de la Ribera”, se transformó en C.C.D. a partir de 1975 y que la investigación practicada había permitido corroborar su funcionamiento; en las págs. 211 y 212 figuraban relatos de la detención y torturas sufridos por Susana O. (legajo 6891) y Fernando Rule Castro ocurridos en Mendoza el 9 de febrero de 1976, en sendos CDD; en la pág. 214 en relación a la tenebrosa “Escuelita de Famaillá, se dice: “La precariedad de sus instalaciones demuestra -por contraste con la dimensión que luego llegaron a tener estos centros de detención- que en 1975 había comenzado a desarrollarse en forma embrionaria la modalidad clandestina de la metodología represiva, circunstancia que aparece como un dato cierto del montaje y funcionamiento del sistema represivo durante el gobierno constitucional del PJ; que en la pág. 352 figuraba un sacerdote de apellido Fourcade secuestrado el 8 de marzo de 1976 que estuvo en el campo de La Ribera, siendo éste el que más arriba fuera mencionado como puesto en funcionamiento como Centro Clandestino de Detención en el año 1975.

    2) Desapariciones: en el imaginario popular, en la ideología argentina, la “desaparición forzada de personas” nuevamente aparece como una creación exclusiva del partido militar. Otro error y “olvido” útil de la historia. Veamos: que cuando declaró el miembro de la CONADEP Dr. Eduardo Rabossi, por cierto filósofo de la UBA, en el juicio a los Comandantes en los términos recogidos a fs. 1558 de la versión mecanografiada del proceso, dijo en cuanto a las desapariciones de personas que la CONADEP tuvo información (que es incompleta y fragmentada) sobre 19 casos en 1973, 50 en 1974, 359 en 1975 y 549 el primer trimestre de 1976, señalando como ejemplo 35 casos en noviembre de 1975, 90 en diciembre, 155 en enero de 1976, 84 en febrero y 310 en marzo. Un buen promedio para el gobierno peronista popular y nacional. Datos en el propio informe de la CONADEP: en la pág. 354 aparecía el sacerdote Nelio Rougier, secuestrado en Tucumán en septiembre de 1975; que en la pág. 356 se cita a Julio San Cristóbal, Hermano de La Salle, secuestrado el 9 de febrero de 1976 también durante el gobierno constitucional; que en la pág. 373 figuraban José Guillermo Espinosa desaparecido el l8 de enero de 1976, Héctor Manuel Freijo desaparecido el 17 de enero de 1976 y José Santiago Illa desaparecido el 9 de marzo de 1976 y en la pág. 374 Nebio Ariel Melo Cuesta desaparecido el 8 de febrero de 1976, hechos ocurridos durante el gobierno constitucional; que en la pág. 376 se citaba a la esposa del gremialista Hugo Javier Rezeck como secuestrada el 16 de marzo de 1976; que en la pág. 386 se decía que en marzo de 1975 se cometieron 30 secuestros seguidos de asesinato y que después del 24 de marzo de 1976 se reinició la represión; que en la pág. 417 se decía que las organizaciones gremiales de abogados estimaron que 23 de sus colegas fueron asesinados a partir de 1975, señalando en la pág. 431 a Vicente Víctor Ayala como desaparecido el 16 de febrero de 1976, José Pablo Bernard el 7 de marzo de 1976 y en la pág. 433 a Gustavo Medina Ortiz desaparecido el 10 de octubre de 1975. Es decir: en la confusión de qué debía investigarse y qué no, se colaba en la comisión y salía a relucir a la opinión pública, que la lógica del terror de la dictadura cívico-militar era la continuidad no sólo en métodos sino en instituciones y modalidades que habían sido diseñada por las más altas autoridades del PJ. Ahora sí toma sentido la famosa frase de Perón citada por Bonasso: “Acá en la Argentina lo que necesitamos es un Somatén”. Al peronismo le corresponde el honor histórico de haber creador no sólo la picana eléctrica, no sólo la “Triple A” sino los Campos de Extermino y la figura de “Desaparecido”… Que le aproveche.

  26. Es muy interesante el aporte, Tino, lográs entrarle a todos los temas de la mesa con rigor, sin caer en lugares comunes, sin santidades. Creo que en tu exposición reina un espíritu superador, dejar atrás quién y desde dónde dijo tal cosa, para empezar el debate sobre los setenta aprovechando lo que han sarandeado en el Malba.
    Pero antes de entrar en esa etapa, me parece indispensable recordar que el cuestionamiento de la cifra de desaparecidos es una deformación condensada de varios argumentos procesistas: “no hay desaparecidos, son guerrilleros que murieron combatiendo”, “no están desaparecidos, viven en Mexico”…
    Estoy de acuerdo en llegar a la verdad incluyendo certezas sobre la cantidad, pero justamente ello se logrará llevando adelante juicios, logrando confesiones de los que participaron, saber cómo fue el plan, obteniendo archivos, recuperando nietos, etc.
    ¿A vos te parece que quiénes cuestionan la cifra, lo hacen desde lo judicial-forense-científico? Si justamente quieren terminar con todo tipo de juicio. ¿Vale darle la diestra a la frutillita del iceberg, para quedarnos con la conciencia tranquila de que no tenemos temas prohibidos? Por otro lado se lo hace con un juego de palabras que incluye a la matemática. Tal frialdad, falta de compromiso, no permite sentarlos en una mesa con familiares de desaparecidos, como bien señalás, por lo tanto no hay intención de debatir sintiéndose parte del cuerpo social, sólo escandalizar.
    Con respecto a los atentados guerrilleros, dónde hay mucho que debatir, para ponerlo en algún término “debate moral, político”, hay que respetar la regla del juego: lo que es de la justicia y lo que es de la opinión. Nada es lo mismo al terrorismo de estado. ¿Podrán bancarse eso? Porque lo interesante de un debate, no es hacerlo entre los que estamos de acuerdo, sino cruzando opiniones con todas las ideologías empezando en algún momento a subir conclusiones a la categoría de “objetivas”.

    Abrazo

  27. Aquí ocurrió un algo. Nada que atraviese a este blog, justamente, nada importante para el supuesto “ego” que González cita como ente revulsivo del discurso intelectual. Salir del centro, des-hacerse, también es posible a través de un blog.
    Hace un rato hablaba por teléfono con cierto polemista, y me decía: esto no es propiedad de los personajes, la desaparición sistemática del otro, el plan, elude toda apropiación pero se hace cargo de la pertenencia. Hubo un plan. Hubo colaboración civil, en todos los planos, en todos los lugares. Canto elegíaco a la delación. Todos esos que fueron policías para la conciencia cívica hoy, enriquecidos, niegan vínculo. Un acto de sinceramiento es imposible. ¿Entonces? Hablamos de circulación horizontal de infidencias, desprecio social, invisibilidad de aquellos que perdieron a sus seres queridos. Porque tener familiares desaparecidos era una afrenta social, un estigma como la lepra. Era, y aún lo es, una señal de malformación civil. El afamado “algo habrán hecho” era síntoma de eso sospechoso que se supone como gen rebelde. Algo que superaba la frontera de toda lógica, algo que estaba in situ en la herencia, en la sangre, en la tierra que no les pertenecía.
    Porque se trata de propiedad y de apropiarse. Y también, de lo propio. ¿Qué miedo puede tener alguien que vivió entre crímenes, desapariciones e hipócritas silenciosos? ¿Hay algo peor que un mecanismo de tortura y desaparición actuando con la aprobación tácita de una neblina familiar?
    Traiciones. A la sangre. Al otro, ese otro que se convirtió en extraño, alguien que defendía una propuesta a-social por encima de una afrenta payasesca civil, pseudodemocrática.
    Ezeiza fue ensayo de laboratorio, confirmación de una metodología. ¿Cuánto regresos prometieron tanta sangre?
    Cómplices… Recuerdo la noche. La verdadera NOCHE. Por suerte, y desgracia para muchos otros fantásticos, escuché la voz anárquica señalando la profundidad de la herida.

  28. Eso me molestaba mucho ayer: la gravedad del tema y la disparidad de las posiciones en contraste con la amabilidad propia del lanzamiento de un libro en un ámbito más apropiado para la sociabilidad que para el debate. El silencio es a veces la única opinión posible.
    Ahora caigo, es el silencio del que está clavándose un canapé.

  29. Confirmado, Quintín es un personaje literario creado por Genovese. Fuimos estafados en nuestra bondad lectora. ¿Quién se hará cargo de Flavia, ese bicho canasto?
    http://luisbardamu.wordpress.com/2008/03/24/816/

  30. Disculpen que me entrometa. Pasa que el silencio de Quintín es figurado. No solo se guardó el violín en la presentación, también sale a bravuconear publicando al filofascista y neo nazi Montes Bradley. Por dar señales de desesperación, incendian la propia nave:
    http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2008/03/25/yo-no-me-acuerdo-de-nada/
    Una mojada de oreja infame.

  31. Otra, un chisme: un pajarito me contó que Quintín cerró la boca ante Fogwill por dos motivos.
    1) Quiere empaquetar a Mansalva para publicar LLP.
    2) El origen de Mansalva parece ser una indemnización del Estado a familiares de desaparecidos.
    Qué contrasentido no? Que un resarcimiento económico por desaparición forzada termine dando forma de libro a los delirios de un monigote de derecha. Tengo una basurita en el ojo.

  32. INTELECTUALES DISCUTIENDO quiere decir NO PASA NADA.

  33. Militarización del conflicto con el campo YA! Que el ejército borre de las rutas a la oligarquía vende patria!

  34. Eso. ¡Viva la divisa Punzó!

  35. El polo como deporte obligatorio en las escuelas privadas. (Se usarán las cabezas de los peronistas como bocha.) Será una cruz de fuego Alicia Moreau de Justo y Córdoba. Invadiremos Uruguay y será la provincia que debe ser. Que venga un Restaurador. Que venga el colonialismo inglés para siempre.

  36. Aquí un blog en el que Q (de queso) y Fogwill podrían colaborar
    http://elblogdecabildo.blogspot.com/ si es que aún no lo hacen bajo seudónimo…

  37. Uno de los referentes de la resistencia campestre en el Túnel Subfluvial, acusó al gobierno de utilizar la misma metodología represiva que el día 24 recordaba como siniestra e irrepetible. Todo porque les impidieron seguir arrojando granos a la entrada del túnel y detuvieron a un desaforado. La gendarmería, a ojos cámara, no reprimió con la misma fruición que lo hzo, por ejemplo, frente a las puertas del casino flotante. Hay ciertas apropiaciones que resultan alarmantes. Hace un rato comentábamos con una amiga los sucesos, en alguna medida bastante insólitos: al vaciamiento ideológico sigue el vaciamiento político. La soja se lleva algo más que minerales y revive una vena nacionalista que me recuerda el malvinismo barato del saltito anti inglés.

  38. Para Daniel Freidemberg: no seré Rial ni Canosa (lo que da cierta ventaja sobre la media salamín patriótica). Pero aquí no hay puesta en escena ni representación barata. Tampoco censura, ése es el compromiso. Si el debate toma elementos de la realidad, o se transforma en chisme o ironía. Bueno, es de humanos la derivación a otras cuestiones. O rasgos de que lo humano genera tensiones y distracciones. Lucha de fuerzas. Convengamos, además, que la realidad ingresa por la ventana, ya como pútrido olor, ya como ventisca helada. Imposible eludirla.

  39. corté y peguéé el “chisme” de Mac Mackenzie en los comments de LLP y no pasó la moderación. (O sea q alguien del cyberpasquin de la Nueva Vieja Derecha Argnetina que lee libros lo leyó. Para mi es suficiente)

  40. No se preocupe Aquiles, el enemigo es nuestro lector más atento.

  41. Fogwill contra la comunidad organizada:
    http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=1634
    Nunca será Lugones, pero puede empezar por pegarse un tiro…

  42. No me refería a vos, Omar, sino al debate Fogwill-Quintín. Pero en cierto modo, ahora que lo decís, también a vos, y a mí: todos en algún momento entramos en ese juego. Se vuelve imposible de evitar. Es el juego mismo lo que me preocupa, mucho más que criticar a quienes lo juegan (lo jugamos), y mucho más cuanto más inevitable se vuelve.

  43. Creo que el único efecto positivo de traer este tipo de debate es que el texto, lo dicho, la voz que dictamina numerologías y conjeturas de la desmemoria, quedó a disposición de una posibilidad crítica. Pero ese lenguaje y resentimiento retroactivo no nos atraviesa. Primeramente porque eliminamos la posibibilidad de censura alguna. Y segundo, porque la idea general que veo surgir es más que traumática (o aplica al trauma social argentino): fue el peronismo quien inició el laboratorio del terrorismo de estado, el que implantó los focos productores de crímenes de lesa humanidad. Y que aún hoy el aparato (mutado, con otras articulaciones) está disponible, funcionando. Es algo más allá del que quieran leer una paranoia ideológica, ¿terminó la dictadura? ¿Qué otra forma social adoptó el genocidio? Hagan listas y números, tendrán pasmosos resultados.

  44. Les adjunto un debate paralelo con un columnista del diario mexicano “La Jornada”, José Steinsleger, de bastante renombre, sobre el artículo anterior:

    Respuesta sobre el artículo “Peronismo y Represión: el Huevo de la Serpiente”

    Bien…le comento que la picana fue inventada por Polo Lugones, hijo del poeta y jefe de la policía del presidente Agustín P. Justo. A su vez, el general Justo sufrió un colapso cuando su hijo Liber, militante anarquista, le arrebató el micrófono al presidente Roosevelt en el Congreso de Buenos Aires para gritar “Muera el imperialismo yanqui” por las ondas radiofónicas.

    Así es la vida: verde como el Mar rojo, y así cayo el sobrino de Alvaro Alsogaray, en el monte tucumano, como militante del ERP. Piri, hija de Polo, fue militante montonera y desapareció en la ESMA. Y Bonasso, a quien cita usted, fue secretario de prensa del Frente Justicialista de Liberación, y hoy es militantes del kirchnerismo.

    ¿Debemos entonces concluir que la identidad política de estos compañeros era “confusa”? De ser así, John W. Cooke (combatiente en Playa Girón) y Rodolfo Walsh (activista del antiperonismo en la Alianza Libertadora), también estaban “confusos”. Y ni le cuento entonces cuán “confusos” estuvieron Leopoldo Marechal, Pedro Orgambide o Juan Gelman y su hijo que tras caer en combate, lo “desaparecieron” (y no que, simplemente desapareció, como ahora dice el padre para llegar limpio de todo pecado al salón donde el rey Juan Carlos I le otorgará el Príncipe de Asturias,que merecido lo tiene).

    ¿Corresponderá a nosotros, “intelectuales esclarecidos”, juzgar sus opciones ideológicas y políticas con la ventaja y el sosiego que otorgan los años, o debemos llamarnos a recato, y hacer un esfuerzo para sumergirnos, como hace usted, en los complejos ejercicios del análisis?

    Los comunes lugares verdaderos acerca de Perón, responden a un método visceral de exposición mecanicista y reduccionista que, a la postre, ni usted mismo se lo merece. ¿Cómo hacer tabla rasa con varias generación de militantes peronistas que, en su línea de razonamiento, habrían sido algo así como la SA de Rohem…?

    Me desconcierta, en particular, la última frae. En efecto, inspirado en el Somatén, Perón le dio luz verde a la triple A. Sin embargo, la modalidad contrainsurgente en Argentina vino de la mano de los golpistas del 55, que le abrieron las puertas del Colegio Militar a la escuela de guerra francesa y a la OAS. Concretamente, los generales Alcides López Aufranc, Juan C. Onganía, Agustín Lanusse, Osiris Villegas, etcétera.

    Si tal como se deduce de esa última frase, el peronismo y los responsables del 24 de marzo de 1976 son lo mismo, no veo entonces qué lo diferencia a usted de talentosos escritores de La Nación, como por ejemplo Tomás Eloy Martínez. En su último editorial, el autor de las magníficas e igualmente míticas La novela de Perón y Santa Evita, lamenta que en Argentina siga habiendo peronismo. Concluye diciendo: “la realidad no existe”. Allá él.

    En resumidas cuentas, a más de injusto su texto me parece poco congruente en comparación con otros en los que usted se desenvuelve con brillantez y solvencia, entrándole de lleno a las complejidades de los fenómeno políticos y culturales de nuestra época. Inteligencias como la suya deberían, por tanto, cuidarse de generalizaciones y simplismos frente a una expresión política que, en Argentina, cuenta ya con más de 60 años de historia.

    Finalmente, espero que perdone el tono. Ahora bien: si usted me responde con una nómina de peronistas “fascistas”, le aseguro que de mi lado se la puedo triplicar. ¿Así explicamos el peronismo, o así volvemos al “Braden o Perón” de 1945, y por este camino, a mayo de 1810?

    En suma: qué lástima. Suyo,

    José Steinsleger (La Jornada/Rebelión)

    Síndrome de los Setenta: memoria e historia:

    Estimado José: entiendo que a veces la memoria se choque con el dolor y el desencanto. Máxime cuando uno ha invertido en ello una vida entera. Argentina tiene un Síntoma de los Setenta, cuyas diversas manifestaciones aparecen en su respuesta. Los argentinos con formación cultural (no hablemos de los pobres) tenemos un síntoma, el Síntoma de los Setenta, una neurosis colectiva que sólo la hará desaparecer o bien una revolución haga tabula rasa o bien la desaparición biológica de la generación que lo porta. El Síndrome de los Setenta tiene etapas, como todo desarrollo neurótico, una que va de 1983 a 1989; otro de 1989 a 2001; de 2001 a la actualidad. Cada una tiene su propia agenda, sus temas del día, sus censuras y represiones, sus falsos ejes de discusión. Pero cada una ha trabajado la memoria contra la historia, una necesidad ideológica de proyección e ilusiones socialmente necesarias. Se trata siempre de una política del olvido, ya sea ignorando datos, distorsionando hechos o manteniéndolos en el silencio. El trauma de esta neurosis es la Derrota en el más amplio sentido: la decadencia argentina, la imposibilidad de desarrollar una democracia moderna, la traición de la clase política (incluyendo a Perón), la colaboración con la dictadura militar de amplios sectores de la población y el falso callejón de salida del populismo. La clase media necesita no recordar todo, falsear la reconstrucción de la memoria, ocultar su propia desvergüenza. Cuanto más nos alejamos de los hechos, afectiva y existencialmente, mejor podemos considerar las cosas con objetividad. El peronismo, el de 1946-1955 (que entre otras cosas hizo su pequeño Plan Cóndor entre las dictaduras de Ibañez y Stroessner que lo cuenten los militantes de izquierda paraguayso y chilenos) y el de 1973 era un regimen semifascista, nos guste o no. Perón se refugió en cada una de las penosas dictaduras latinoamericanas para terminar su exilio dorado en la España de Franco (por cierto a quién socorrió en plena crisis alimentaria cuando estaba aislado del mundo). El malentendido de sectores de la clase media con el peronismo es para analizarlo, aunque no es de mi interés. Nunca fui peronista, esa hipoteca no tengo que asumirla. El de quién inventó la picana no está claro: lo más probable, la picana era una herramienta de la industria ganadera, sea que se derivó del uso en animales al uso judicial y policial. La electricidad en al tortura depende de dos inventos: el electroshock (un invento italiano) y la picana para el ganado (invento británico llevado a la Argentina). Incluso las fechas son borrosas: que en 1930, que en 1932, en fin. La leyenda urbana del hijo de Lugones es eso: no está demostrado, aunque figura en toda la literatura “revisionista” de derecha que generó el peronismo. Como ejemplo donde se nombra lo que Usted afirma es el libro del peronista Roberto Estrella, Tortura (Tucuman: Ediciones “Dos-Ve, 1955). Lo que sí está documentado en el cuerpo y la carne de sindicalistas opuestos a Perón (laboristas, el más conocido Cipriano Reyes) o de militantes de izquierda es el uso sistemático de la picana con dínamo en dependencias de la policía política en el período 1946-1955. La propia Doctrina de la Seguridad Nacional afirma que la picana se institucionalizó entre los años ‘40 y ‘50, para señalar que “the electric Prod is in fact an Argentinian invention” (Moyano, 1991:60). Las víctimas son sujetadas a camas especiales de madera con cintos de seguridad de cuero, hay personal especializado e incluso aparece en la escena un doctor para que el verdugo no se exceda. Pero si Usted se queda tranquilo le acepto que el invento es del hijo de Lugones. No importa que discrepemos en este asunto, si la inventó tal o cual. Pero para que Usted vea hasta qué punto la ideología y el prejuicio nubla nuestras ideas y oculta hechos.En cuanto a la identidad de los compañeros yo no me pronuncio ni los acuso de nada. Mi dedo va contra el actual gobierno de Kirchner que utiliza el 24 de marzo y la tragedia de los setenta para mantener una distribución de la riqueza desigual, como nunca la hubo en la historia argentina y para que el peronismo (no los militantes rasos que creyeron de buena fe en el márketing de un líder de derecha autoritario y cínico). El 24 de marzo es un ritual esencial del estado burgués post 1983 (de la forma-estado como diría Marx) para “validar” un pasado (un pasado horrendo de muerte y explotación que incluye al radicalismo y al peronismo) pero también un “futuro” (con la democracia se come, se educa o en el caso de Kirchner reprimir el diciembre de 2001 y legitimar la enorme transferencia de riquezas del 2002 inéditas en la historia argentina). Hay intelectuales que siguen obviando hechos, mirando para otro lado, porque les resulta doloroso. Están bien asentado en el presbiterio de la ideología del setentismo. Son conserjes en el santuario de los Años ‘70, limpian sus altares mayores y menores, mantienen viva la llama como una vestal, sostienen la historia hagiográfica de los padres fundadores de la Tendencia revolucionaria y hasta de los santos menores (ahí está la Voluntad, un libro de Martín Caparrós), mantienen las imagenes sagradas iluminadas, ha creído en el cuerpo místico de Perón y la comunión con la juventud. Estos intelectuales no soportan ver al peronismo “encarnado”, ni ahora ni en 1973, no aguanta ver mezcladas con la empiria de lo real al montonerismo ideal. Por eso se cabrean desde el presbiterio, no le gusta que con el pasado mítico y su mártires de “decisiones fuertes” se justifique este pobre esperpento de la comunidad organizada (inspirada en la doctrina social de la Iglesia y en el fascismo italiano aunque no lo crea). No puede creer que el engaño generacional haya sido tan amplio, tan profundo y tan patético. La ideología es siempre una “camera obscura”, que invierte y proyecta lo ideal sobre lo real. Como estará de viva y vigente la neurosis que todavía hoy un artículo como el mío no puede publicarse en Argentina y puede escandalizar a escritores como usted. Con su lógica, permitame, no se podría criticar a Stalin ni a Lenin porque en el medio habría la sangre y las desdichas personales de miles o millones de militantes bolcheviques honestos. Si critico a Stalin ¿qué tiene que ver la identidad política de los compañeros bolcheviques de base que morían combatiendo por el socialismo? ¿Estaba confuso Bujarin, Trotski o Radek? ¿No reivindico a los muertos por la CHEKA, revolucionarios como los SR o lo anarquistas, o los marineros de Kronstadt, por temor a dañar las ilusiones de una generación? ¿Criticando a Stalin molesto la memoria de Maiakovski? ¿Entonces? ¿Nos callamos y seguimos con la neurosis colectiva de la ideología argentina? Amo la poesía de Gelman pero eso no me impide acusar de genocida y asesino al peronismo histórico en el gobierno. Y si lo mira sin pasión mi artículo defiende al los militantes de base de la izquierda más amplia, no sólo eran asesinados los peronistas célebres le recuerdo, y que siguen en el más ignominioso olvido en Argentina. ¿Molesta lo que digo? Pero José si es la verdad documentada. Yo no soy un “intelectual esclarecido”, he sido militante de izquierda durante la dictadura, después en la democracia e incluso ahora. No vivo de ser intelectual, usted lo sabe. Soy un trabajador, sin lujos, que alquila su casa, pasa estrecheces económicas, un hombre de a pie, trabajo de lo que puedo para mantenerme, no me financia ninguna fundación ni tengo sueldo del estado. Soy como diría el sociólogo Karl Mannheim, un “sozialfreischwebende Intelligenz”, libre de valores “condicionados”, casi un ideal de intelectual. La garantía de lo que afirmo y escribo lo da mi situación particular sin condiciones de partidos, tradiciones o gobiernos de turno. Mi existencia independiente es la garantía de mi objetividad. Mi trabajo no depende de que digo o escribo. Quizá lo de “intelectuales esclarecidos o iluminados” le vayan mejor a los ideólogos de la izquierda peronista, muchos de los cuales vivieron en México en la Villa Olímpica del DF o actualmente viven en primera clase con sueldos de funcionarios astronómicos en barrios residenciales privados o escribiendo autobiografías falsas. O el mismo Kirchner que mientras la dictadura secuestraba, torturaba y ejecutaba, hacía mucho dinero ejecutando a pequeños ahorristas con las leyes económicas de los militares. Difícilmente se deduzca de mi artículo que la Juventud Peronista pueda emparentarse con las SA, máxime a mí que conozco la historia del nacionalsocialismo de primera mano, pero bueno un texto puede soportar cualquier lectura, incluso esa tan oblicua. En su lógica aparece ese binarismo: si se critica al peronismo se viola la memoria de los compañeros muertos. ¿Cómo? Lamentablemente lo que escribo no es un “lugar común” sobre Perón, no es un tópico, si así fuera sería inofensivo. Lo que afirmo, y lo hago con poca documentación pero la esencial, es algo que muchos en Argentina desconocen o ignoran, por que parte del Sindrome de los Setenta es realizar un paréntesis sobre la complicidad cívica con la masacre, y si lo lee bien acuso también a otros partidos políticos por cómplices. Pero sin querer José en su crítica se diferencian víctimas: las víctimas post 1976 (todas las que Usted me nombra serían incalculables e irreparables) y las que pasaron con el gobierno peronista entre 1973 y 1976. ¿qué hacemos con la memoria de los 3000 militantes que fueron secuestrados, torturados y ejecutados, la mayoría de organizaciones de izquierda? ¿Se merecen un “Yo Acuso” o mejor diplomáticamente para no herir susceptibilidades cerramos la boca y tapamos el tintero en un olvido piadoso? Sus reflexiones como las mías no son inocentes: son manifestaciones por diversas voces de un síndrome que dificulta la reconstrucción de la memoria y que distorsiona la historia. Todos ellos recomponen muy mal el pasado argentino. El Síndrome de los Setenta está en su etapa final y aquí están los últimos estertores. La verdadera historia de los años setenta y su balance honesto y racional no la escribiremos nosotros. Esta anamnesis, este rescate de la verdadera historia argentina de los últimos años, sí que será una verdadera revolución. Aunque nos disguste. José, gracias por responderme y mantener conmigo este intercambio que para mí es muy importante. Le mando un abrazo por encima de cualquier malentendido y siempre estaré para lo que guste y del mismo lado de la trinchera.

    Nicolás González Varela

  45. me pregunto porq tenemos q bancar nosotros a F y Q, los acomodados de siempre, su estadía en la residencia para “artistas” del centro cultural recoleta, cuando ese lugar debería estar reservado para verdaderos artistas q no tienen donde hospedarse?. en el post donde F describe con lujo de detalles su vida en ese lugar “lleno de fantasmas”, una lectora dice q hay una lista de espera muy larga y q es muy dificil encontrar lugar alli. esto es mas grave aun porque es sabido por todos q los LLP tienen su casa en BA . q sigan las injusticias .

  46. Interesante dato que confirma cuánta ventajita funcional existe entre estos dos impresentables y el gobierno Macri. Cuando estrenemos guillontina en la Plaza de Mayo ya tenemos una pareja.

  47. [...] “…me pregunto porq tenemos q bancar nosotros a F y Q, los acomodados de siempre, su estadía en…” Quintín ocupa espacios que no le atañen ni corresponden. Gracias Lombardi, el curador Fogwill [...]

  48. Un dato. Una reflexión más (que dejé en otro lado pero es continuación de este debate).

    –Manuel Antín no es el padre de Q, es un tío de él, y por lo que tengo entendido no tienen relaciones muy fluidas o, por lo menos, no eran así cuando empezó a salir la revista El amante.

    –En cuanto al número preciso de muertos y desaparecidos, número que todavía ignoramos, creo que constituye un reto a sortear porque conocer esa cifra (no números redondeados o aproximados) nos permitiría empezar a restituir la singularidad (la unicidad) de cada muerte, y de este modo ir horadando un primer obstáculo en la tarea por entender lo que pasó verdaderamente en Argentina. En definitiva, la pregunta que continúa repiqueteando es la pregunta (ya Arendt la había formulado) por ¿cómo fue posible? No sabemos mucho de cómo se fue urdiendo la estrategia militar en virtud de disciplinar a todo un país y cómo se llegó al acto de negar la condición humana de quienes fueron considerados “adversarios” (y más allá y más acá de los antecedentes [aparato represivo del peronismo] bien enumerados/documentados por Nicolás en este debate). Y la otra pregunta (asimismo incontestada todavía) que surge asociada a la primera es: ¿por qué no hubo voluntad de decir “no”?

  49. ESTE BLOG ES MUY MALO NO TIENE LO NECESARIO QUE SE PIDE UNO ESCRIBE ALGO Y NO SALE NADA O SI SALE NO ES LO QUE QUERIAMOS

  50. BRIAM SI LEES ESTO ES PARA TI :TE AMO ERES EL UNICO QUE E AMODO Y NO TE LO PUEDO DESIR

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