Motivos y silencios
Tengo un twitter. Que es más o menos como tener un banquito, o una navaja polirrubro Victorinox, está ahí con toda su inutilidad, pero sabemos que en algún momento nos puede salvar de una verdadera urgencia. Rara mezcla de SMS (140 caracteres), blog, concierto de textos (en función with friends), confesionario y chat sin destino. Nación Apache tiene el suyo que se actualiza automáticamente cuando publicamos. La propuesta inicial del sistema fue que los usuarios respondieran a la pregunta: ¿Qué estás haciendo? Pero en nuestras pampas la réplica a tan elemental propuesta fue inmediata. Existe un twitter que transcribe Rayuela de Cortázar en cómodas cuotas sucesivas de 140 caracteres (pueden dejar su opinión al respecto en Tuitilibros 1.0). Me gusta más pensar en twitter bajo interrogantes de otra índole, por ejemplo: ¿Pensás? ¿En qué? Babel soporífero, abismal, algo inquietante, que no nos salva de la soledad sino que la hace más evidente.


Twitter es reduccionismo, simplificación, apuro un salpicón de brevedades, y a la vez despide cierto aroma a “Gran Hermano” (libro, no TV). Hace tiempo que remplacé MSN por twitteroo, así me entero cuando hay posts nuevos y cuando a alguno se le cae una idea estoy listo para plagiarla impunemente.