Iluminando la nada

Anoche volvía manejando y en un semáforo traté de sintonizar algo en el estéreo que ha perdido cualquier referencia en la pantallita. O sea, es puro tacto lograr lo que uno busca. En tal tarea digital (apretar botones rapidito, antes que el semáforo largue la carrera por Hipólito Yrigoyen, arteria del sur cuya dinámica evoca las peores largadas de la fórmula uno), escuché una voz conocida: en vivo, desde River, Soda Stereo. Silencio y gente que grita, aplaude, corean, chillan. La voz de Ceratti aparece, nítida: “¿Cuál es el mejor público del mundo? <gritos, gritos, aplausos, aplausos> Y no lo decimos nosotros solamente… Esta noche tenemos la luna… <gritos, gritos, aplausos, aplausos> …pero nos faltan las estrellas.” El locutor relata, con seriedad de velorio: “Ahora todo el público, todo, levanta sus celulares hacia el escenario, encendidos, miles y miles de estrellas.”

Hoy se cumplen 20 años de la muerte de Luca Prodan, y las múltiples referencias (intertextuales, intestinales, populares y surrealistas) no alcanzan para definir el vaticinio de lo que él entendió como futuro: Estamos rodeados de viejos vinagres…

~ por OmarG en Diciembre 22, 2007.

4 comentarios to “Iluminando la nada”

  1. prodan era inteligente, corrosivo y simpático, pero musicalmente me quedo con los redondos y soda. cerati es un poco nabo, como casi todos los compositores que valen la pena, en todo lo que no sea la música. en cualquier caso, no conozco artistas “valederos” que no sean asco de tipos en varios rubros (incluidos solari, cerati y prodan, ya que los nombro). claro que entre ellos tres y cobián, messiaen o boulez me quedo con los tres últimos, pero bueno, esta es una ampliación del panorama que los rockeros argentinos no suelen siquiera sospechar: de ahí el bizantinismo futbolero de todas estas discusiones y chicanas tan insignificantes.

  2. Prodán puso el cuerpo, fue con el cuerpo, lo entregó como algo definitivo. Ni el pseudoindígena ni el nene de belgrano, nunca, han dejado de jugarse mas allá del límite de la vidriera. Por eso lo que hacen no es más que pura tontería senil, resaca del desgaste de sus propios personajes.

  3. insisto: escuchados desde messiaen o selenka, prodan y solari y cerati son artistas insignificantes, y estas polémicas extraartísticas sobre si juan puso el cuerpo o el otro curte un personaje (cuestiones que, insisto, no tienen nada que ver con la calidad de un artista: beethoven curtía un personaje, y no tiene la menor importancia, al lado del violín concerto op. 61 o de la misa solemnis o del cuarteto para cuerdas con fuga) son aún más insignificantes (del tamaño de quienes las sostienen, maximilianos tomas de este mundo). el verso (inventado por los románticos hace dos siglos) de la autenticidad, que era el personaje que curtía prodan es uno de los camelos artísticos que más detesto (pero él, que era un artista valioso en el contexto del rock argentino, jugaba este juego cínicamente, como gran megalómano que era: el problema del camelo de la autenticidad es que hay gente que se lo cree y compra eso, es decir, compra, consume, en vez de comprar la música, que es lo único que tendría que importar, y en ese palo, el musical o el “poético”, no hay gran diferencia entre solari, cerati y prodan; por eso hay pila de gente que escucha a luca, o a charly, o al indio, y casi nadie a guastavino o a falú, que de verdad no se preocupaban de curtir un personaje, ni siquiera el personaje que hace gala de no curtir un personaje).

  4. El rock nacional no existe.

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