A manos de un observador pasivo, flotando en un tiempo licuado por abúlicos paisajes tras la ventanilla, el relato llega con cierta sordina, de alguien a otro alguien. Más que lo que se cuenta, resulta indigesto lo dicho (escrito) con precisa desatención. Alcanza con la oreja del escucha, nada más importa, total… vos me entendés, ¿no?
La primera vez que recibió a la criatura de otro mundo en su dormitorio, la miró, sorprendida ante su propia templanza, y se preguntó en voz alta: ¿Por qué no me habla? ¿Será mudo el pobre? La historia real del contacto entre la mujer y el hombrecito se detalla en el libro Ozonis, firmado por Martha Green: no es la narración del polvo de una noche, sino un vínculo estable de pareja que se sobrepuso a la presencia del marido durmiendo del lado derecho de la cama matrimonial. La sensualidad –escribió– era diferente, pero aún hoy no sé en qué consiste esa diferencia. La unión culminó en un éxtasis que yo no había experimentado antes; sentía una gran ternura hacia ese extraño ser que, con infinita dulzura, me había hecho vivir con tal intensidad…
PD: Si lo querés hacer de un tirón, seguro no te sale.
~ por OmarG en Septiembre 30, 2007.
Escrito en Incontinente
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