Forzar la lectura, doblarla hasta alisar un párpado en otro, que la mente busque fondo con desesperación, tal vez, es el fin último de la escritura.

Cuando la recurrencia se torna infinita, como el resonar de tambores en la selva nocturna (amenaza, sugerencia del miedo), algo se construye casualmente. La literatura, gesto retráctil, acto incierto.

~ por OmarG en Junio 25, 2007.

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