Antes de la pesadilla
El inconsciente se devela por las palabras del hombre. Incluso, su denominación resulta dudosa. Como la verdad que aquellos enuncian y que al ser analizada levemente, muestra otro motivo por el que hacer o no hacer resulta tan perverso como impredecible. Convertidos en motor indetenible, con tal de llevar adelante la obsesión, los hombres todo ignoran, incluso el límite básico y primitivo, como es la vida del otro.
Tal vez las palabras conjuran acciones grupales y aparece un estilo, como pensamiento, al que se titula ideología. La ideología carece de inconsciente, sobrevolando las miserias de los hombres o inyectándose para hacerlos más míseros. Sí, en apariencia, hay un ciclo que se cumple: pervive la noción que las ideas superan las necesidades individuales. Puede ser un error teórico y también práctico, ya que la política implica tanto el borramiento del sujeto como la acción del conjunto en torno a un líder.
Pero hay otra noción, y es la del valor, la del valor de cambio. En esa herida constante está el motivo de todo sufrimiento, dolor, agonía. Cuando alguien dice valorar al otro, su tarea, su arte, en realidad lo está despreciando. Le adjudica categorías del comercio, de la venta, incluso de la sustracción y acumulación. Lejos queda el concepto de felicidad, de experiencia emotiva, aquello con que la expresión artística nos hace otros, a pesar de todo límite humano. Podemos interpretar tal actitud como una fuga de la realidad que nos toca, irresponsable, egoísta, una solución simple, de comisario. Pero también, enfrentando la marea de errores simbólicos, dejarnos llevar por esa distinción de sensaciones motiva otras ideas, laterales a toda ideología, orden o caos utilitario.
A la tumba nadie lleva más que su pasado, y las monedas ya no cuentan (no podrán contarse), y lo que aparece como relevante es cuánto dolor se ha generado en los otros, cuánto se ha colaborado con la infinidad de sistemas de dominio, cuánto se ha beneficiado a los mercaderes de la guerra. Un instante de honestidad ante el espejo puede dar cuenta de la importancia de una vida, y sin exagerar, tal vez de todas las vidas.

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