No robás, no existís
La ley del perverso es hacer su ley, conoce la ley universal, la reniega, examina, ejerce el peritaje de la trampa. Por eso, el Fetiche. El fetiche oculta la falta, reemplaza el castigo de la ley: “Nadie me castiga, a mí, Jorge Panesi: tengo la Verdad literaria”. El fetiche es la convertibilidad, el espejuelo 1 a 1. Y la convertibilidad de este caso: un Di Nucci vale un Laforet, y no hay falta. Todo igual, sin límites. Sigue el caso Di Nucci. Ahora es el tiempo de otra voz, la de Leonardo Sai.

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