Interpolitexto
Sí, La Contrarreforma evoca el género chat ya publicado por Daniel Link en forma de fracaso editorial. Para el caso, el diálogo es de un vuelo bajo que pega donde duele, fundamentalmente en la barrera de giles que defienden la misma cantinela frente al tiro libre de compromisos. Pero hay más que Arma Mortal en la referencia. Piglia mezcló, además, a Extraña Pareja, Miami Vice, Chasman y Chirolita, Batman y Robin, Porcel y Olmedo, Upa y Patoruzú, todo sazonado con un poco de Badía y Compañía.
Aguante Sabú (que ya murió, en México).
Fritzl, el gato
Y el tipo pide que le agradezcan que no se comportó como su primo Barreda. La Baja Baviera sigue engendrando pro hombres bien pro.
Lokura spresso
Todos los barrios son uno. Algunos con cierta resonancia ricotera, ya por el contenido del raviol, o por la distribución pareja en el mapa bonaerense. Bucanero edición cabotaje. Luego, más 2.0, la edición wordpress internacional. Eso sí, el que no ríe está muerto. Hágase el test, en una de esas está disimulando sin darse cuenta. (Che, avísenle a García Márquez que el realismo mágico se diluyó en la nada de los días, o sea, se acabó el curro.)
Addenda: lo único que recuerdo de Escobar es la casa de pastas frente a la plaza. Salí pipón, feliz, haciendo Zetas pero sin stereo.
(Nónimo Info Press)
Alguien pedía por ahí…
que explicara cómo Aira se convirtió en el Gran Escritor Argentino. Y es simple. Alcanza con mirar el presente de manera torva. Por ejemplo, ¿quién será el heredero de Aira? La evidencia está descarnada, correcta, a manos de cualquier señora de country con inquietudes artísticas: Mairal, quien en el nombre lo contiene, entre la M y la L. Osvaldo ríe. Nosotros… silencio. Tumbas divertidas, ciegos rebeldes escupen parabrisas.
1111
Es la cantidad de post que tiene Nación Apache al día de hoy.
Salten che, vamos, griten, pongan huevo, dale.
Mortis fidelis
Estoy harto de los escritores mediocres que, para disimular la falta de ideas, convocan a la realidad en forma de compromiso.
Y dicen que soy agresivo…
Yes, i am animal. (Soy del pincha, ¿algo que ver?) Pero los forúnculos fluyen, se diversifican. Por ejemplo, un interventor de la página innombrable (de tan menemista corta la leche a distancia), parece (aparenta) ser el dueño de este blog donde enuncia (escupe, más bien) que hay otro Di Nucci por ahí, amigo de Quintín (padre de nadie, también innombrable), que le copió liso y llano un texto a Sontag sobre Godard. Es Fillipelli, un ladrón de vieja data, ¿de qué asombrarse? Tontos y retontos.
Ahora, ¿qué está haciendo Di Nucci en estos tiempos? ¿Sigue en Puán? ¿Por el culo se la dan?
El cordel de gasa suave
La mayor satisfacción: que un texto moleste, escarbe, muerda. Esas conciencias bondadosas, ávidas por materializar un sagrado egoísmo, nada tienen para leer en sí mismas. Ocas mudas.
mnemocríticos
Alguien, por el ahí blogeril, escribió algo respecto a que los comentarios constituían la savia de los posts. Los alimentan y consolidan, relanzando el texto hacia otros. Multiplicación sin resultado preciso.
Ningún lector es la viuda de autor alguno, pero mientras los silencios complazcan la paz inútil de conciencias correctas, una forma de dividir las aguas es agitar el balde.
Ahora, esperemos que el rumor decante en las bendiciones sarlianas y píglicas.
Uno menos
Los blogs intermediáticos caen. Daniela Gutiérrez ya no figura en la grilla de Crítica.
Bobismo literario
Que un libro de crítica “cultural” haya levantado cierta polvareda en un debate de escaso vuelo (Guillermo Martínez como contendiente resulta irrisorio), no autoriza a un autor de dudoso mérito a semejante banalización de los otros. Máxime aún cuando Borges fue dueño de una mirada mucho más aguda que el resto de sus contemporáneos, a pesar de la ceguera propia y ajena, incluyendo las secas visiones tan actuales.
Naturalismo Ferial
Excelente crónica de una charla entre sordos y detalles simbólicos de un stand de Lombardi. Ahora, recién ahora, pueden cerrar Crítica, ya justificó su existencia.
Teorías liberales, filosofías puerperales
Con algo hay que robar, dijo el docente mediocre mientras cantaba el precio de los churros y bolitas. Pero si lo que se vende interviene como lenguaje ordenado hacia una conciencia en acto (la ciudadanía, fantasma poco probable y a la vez tangible), el riesgo es mucho, para nosotros, digo. Si quieren contratar a un impresentable, háganlo, pero antes lean bien lo que publica:
39 escritores argentinos a China
No empiecen: la realidad evoca los 39 escalones del cineasta inglés. Fuera de ello, y atentos a la línea de política exterior planteada por los KK, intervengamos, mediemos, figuremos. Aquí una oportunidad. Pasemos por arriba la afiebrada propuesta del PEN American Center y vayamos al intercambio. Que los 39 escritores chinos vengan para Buenos Aires, nosotros les mandamos 39 autóctonos. El barco liberiano está anclado en el puerto de la ciudad, listo a partir hacia las tierras exploradas por Marco Polo. Es una propuesta indecente, es cierto, pero también humanitaria. Aunque si vamos al canje por el valor real de los sujetos a intercambiar, por diferencia del tipo de cambio, retenciones, valor de las exportaciones a nivel mundial, tendríamos que enviar muchos más. Algo así como 117 escritores. Estamos devaluados y hay que afrontarlo con dignidad. Por eso, tomen lápiz y papel y confeccionen la lista blanca (llamen a las puertas de los pequeños Stalin acumulados entre las encías). Aclaración: los que figuran en el catálogo de Dunken no valen.
Mario Bunge no tiene blog
Bueno sería que abra uno. Como terapia, para conectarse con la tierra de su lengua, con la gente que lee por ahí. En una de esas se da cuenta que llegó tarde:
Bonanza sin letras
País de generosidad intermediada, Argentina posee la mayor cantidad de promesas editoriales con el mínimo de lecturas posibles.
Qué fácil es decirse escritor, ¿no?
Para todos aquellos que aún en gateras, creen que están para correr el Pellegrini. Pingos ciegos, pingos esclavos de la noria temporal. Allá el pasado, aquí la conjugación de un verbo pendiente.
Del iluminismo pagano de los blogs
Recién ahora, luego de que Sarlo y el mismísimo Piglia confirmaran la versión, podemos asegurar que Peripecias del No es una de las mejores novelas argentinas de los últimos veinte años.
Decirlo antes, cruzar la mirada torva sobre rastros míseros, no era más digno que de comentario lateral, como si lo pérfido, irónico y también inapropiado, no pudiera avalar un pensamiento crítico. Bardamu, somos ineludibles.
Un cineasta en la guerra
de Pompeyo Alvarez Miloni
Los Miloni conforman una familia argentina atípica, unida por un oficio heredado, sino genéticamente, al menos por costumbre. Se trata de la fotografía del cine, y su herramienta, la cámara, en un principio ciega, luego reflex. Corrían épocas de documentar lo sucedido, por la que el estado argentino quería plasmar el presente y así transmitirlo a generaciones futuras. Un poco por influencias del documentalismo germánico, y otro tanto por la necesidad verse a sí mismos, los políticos de entonces creyeron indispensable que un ojo argentino viera por dentro, y luego en el exterior, aquello que cambiaba con un dinamismo excesivo a su capacidad de análisis. Además, verse en la historia reciente les garantizaba una permanencia en el futuro, cosa que creían con cierta devoción inocente.
Pompeyo es el nieto de Aurelio Gutiérrez Miloni, fotógrafo oficial de las batallas contra los indios. O al menos lo fue, hasta que cayó prisionero de un malón que gastó esfuerzos en conseguir material virgen para los retratos negociados a cambio de la integridad física. Al punto que distrajeron los cuidados, quedando a merced de tropas irregulares, en los límites sureños de Tandil. Aurelio volvió a la civilización marcado por el resto de sus días, opaco y silencioso, conteniendo un algo que la familia nunca pudo desentrañar. Aún así transmitió el conocimiento de la exposición del negativo, el revelado y la copia. Fue su hijo, Melquíades Volkad Miloni quien accedió a los primeros mecanismos de la imagen en movimiento. Pompeyo evoca a su tío, al punto de ubicarlo en las cercanías de los hermanos Méliès. Fue su rutina filmar el transcurrir de los hijos de las familias patricias de Buenos Aires en París, un tierno regalo para el disfrute de recuerdos entre Montmartre y el Lido. Pompeyo escribe sobre los ancestros con firmeza y convencimiento pleno: argumenta que si no fuera por Melquíades, Buñuel y Dalí no habrían cortado ojo alguno con una navaja. Dice que el truco se los enseñó en cierta pensión de inmigrantes donde compartían habitación, mientras esperaban una oportunidad de fama.
Hacia la mitad de Un cineasta en la guerra, Pompeyo comienza a describir algo más que memorias. Refiere sensaciones, disciplina, conocimiento puesto en juego para mantener una línea de trabajo. Para un hombre-cámara, explica, lo fundamental es conocer profundamente el mecanismo que le permite tomar imágenes. En poco tiempo, desarma y vuelve a su lugar todas las piezas de una cámara de 16 mm. La herramienta está lista y preparada para la misión más importante, aquella que lo pondrá frente al espectáculo más duro que sacudirá a la humanidad: la matanza de la Segunda Gran Guerra. Extrañamente, Pompeyo no fue soldado, ni vistió uniforme. El comienzo del conflicto lo encuentra en las playas de Nápoles, retratando la vida de pescadores y aldeanos. Y es su amigo, Leónidas Aguirre quien lo convoca para viajar a través de la Europa en conflicto. Los pasaportes sudamericanos resultan irrisorios, sumando a ellos una credencial periodística del diario Visiones, tan apócrifo como su locación: San Agustín de la Señora del Buen Ayre. Creyéndose inmunes ante la ignorancia de oficiales y soldados, pasaron de las montañas del Abbruzzo a la Baja Renania. Se internaron, voluntaria e inconscientemente, en las entrañas del III Reich. Una vez allí, la pareja documentalista expresó loas a toda la población, retratándola en tareas de campo: cultivos y cría de ganado pastoril. Pero lo que ocuría fronteras adentro de Alemania no era un mundo ideal de bávaros y los días de bondad de la generosa naturaleza. Se preparaba la maquinaria de la voluntad por el crimen metódico.
Con la diáspora política y racial, los caminos de la antigua Germania quedaron diáfanos, transitables, salvo por los molestos convoyes de armamento y gentes aferradas a valijas y trastos viejos, que al costado del camino piden por pan, ayuda o vaya a saberse qué cosa. Pompeyo lleva una libreta en la que anota día a día, detalles del recorrido. También allí dibuja, garabatea rostros, paisajes, actos militares, bacanales políticas de incomprensible talla y concurrencia. Llega a Munich y es testigo de las necesidades por la que atraviesa el pueblo, más desde un puesto como expendedor de alimentos de un panadero argentino de apellido Ruofen, quien casualmente lo conoció en una kermese de la iglesia metodista donde Pompeyo retrataba a los concurrentes por monedas de escaso valor. Sabemos que llega a Dresde, donde al final del conflicto es testigo atónito de los bombardeos aliados. Anota, a manera de fresco: “Llamaradas caen del cielo. Las bombas estallan antes de tocar tierra y distribuyen la luz como si el agua corriendo en el aire buscara un cauce que las calmara. El olor a carne quemada se antepone a cualquier gusto, cualquier necesidad. Cada vez quedan menos lugares dónde refugiarse.”
Salvo el diario, nada de él ha quedado para la memoria. Ni los preciosos negativos, ni la cámara que lo acompañó en tan extraña travesía. Sólo algunas copias papel sobrevivieron como testimonio, hoy en la colección de cierto banco de Zurich, a resguardo de la intromisión de otras miradas, casi tesoro, o piedra de toque del sufrimiento de un personaje olvidado tanto por el destino como por la historia.
Manual de filosofía urgente
de Irving Basileo
La crisis de cualquier civilización da por tierra con la noción de justicia, el individuo se anula, dando paso a una lenta y dolorosa transformación. Tal premisa, algo escéptica, pero no menos realista, es la que marca el rumbo del pensamiento de Irving Basileo, profesor emérito de mecánica cuántica del Instituto Bayern-Maninga, de Zürich. En su Manual de filosofía urgente, da muestra de aquella máxima en nota introductoria extensa, metódica a la hora de ejemplificar con casos históricos. Luego, a manera de introducción, continúa reflexionando sobre las posibilidades del hombre contemporáneo a la hora de pensar. Y allí, resulta lapidario: el hombre del siglo XXI ya no es bruto, sino Narciso enceguecido por la informidad de su reflejo. Ya no es, más que cavilación sin sentido, tal vez engaño de la energía en fuga hacia la muerte.
En el Manual…, encontramos que la docencia estricta obtenida de la formación científica advierte sobre la intensidad del pensamiento del autor. Es su estilo el que marca el límite fundacional de la lectura: no imagina un lector, sino que escribe para sí, como otro Narciso, desarropado del deseo de repetición. Es sutil la diferencia, pero es en la determinación individual (su propio ejemplo) en el que el autor encuentra la manera de arrastrarnos a pensar, no a reflexionar. La reflexión, muy a su pesar, resulta un engaño de la mente. Es su materia lo que el pasado ha cristalizado como memoria, defectuosa, evanescente, y aún más, peligrosa e intratable. Con la reflexión, el futuro toma distancia, alejándose hasta un punto donde la oportunidad de elaboración mental se anula. Cuando reflexionamos –afirma-, ya todo ocurrió, nos quitamos la oportunidad de la acción y ni siquiera damos testimonio, quedamos fuera, nos disfrazamos de cero a la izquierda. ¿Y por qué ocure ello? Por la comodidad, el cerebro construye un continuo placentero por tal motivo rechaza cambios, alteraciones, y lo que lo inquieta nunca puede pasar de la sensación artística. Lo real, en cuanto real, es un desprestigio para el hombre, sus facetas resbaladizas lo ponen en situación de riesgo, y sobreviene el miedo, la oscuridad, la falencia de no ser Dios.
Necesidad y necesariedad son conceptos que también marcan un límite entre acción y deseo. Lo contingente no es más que exaltación o excitación novedosa, luego, el hombre vuelve sobre su ovillo de certezas, para aferrarse sin desesperación a lo que siente firme, como medianía sin conocimiento. Y aquí, lo urgente, que involucra al título del libro: para Basileo, la única forma de salvación que existe es la filosofía. En el capítulo Diatriba Intelectual del Tercer Milenio, invoca la inteligencia en acto de los hombres a través del ejercicio a rajatabla del pensamiento filosófico. Expresa: “No todos los seres poseen capacidad suficiente para pensar en futuro, tomar distancia del entorno e iluminar con ideas –válidas, enteras- que tramen convicción más que obediencia. Será de los probos, unos pocos, suspender la falta de juicio y la impronta violenta. Evitando el reemplazo de un fantatismo por otro, será la humanidad un nuevo campo de placeres: a la iluminación argumental, seguirá la del disfrute de la existencia, como plenitud realizadora.” A tal esperanza predictiva, cabe asociarse una cierta inocencia elemental. Basileo cree que las cosas del hombre tienen una tendencia a la paternalización. Analizando los fenómenos de masas, las luchas intestinas por pulsiones combinatorias de la etnia y la economía, sugiere que la búsqueda del liderazgo es el abismo simplista en el que el hombre encuentra remedio efímero a la falta de pensamiento. Dejando la razón en manos de un impar, o elegido casual, la brutalidad es el único resultado tangible. Ya no se trata de sistemas de gobierno, distribuciones de riqueza o acumulación de poderes. Toda construcción social humana conlleva el martirio del que no puede pensar, y más aún con un mínimo de responsabilidad del acto mismo.
Irving Basileo tal vez ocupe un lugar preciso en la biblioteca del escéptico. También, será punto polémico entre quienes indiquen la pérdida constante del rumbo planetario hacia la crueldad más especializada y recurrente. Pero su dificultad, considerar que todo hombre antepone la seriedad de sus actos a lo casual de su voluntad y capricho, es casi un pecado de inocencia. Tal vez, el Manual de filosofía urgente sea más la construcción de un bálsamo que la solución mágica a nuestra decadencia, pero su lectura no deja otra sensación que la contradicción misma entre la necesidad del cambio y el desinterés omnípodo por lo que será. Contra la autodestrucción de los hombres no existe método efectivo, ni siquiera el recurso heroico que pretende hallar y desconectar el mecanismo de la detonación.
Venganza volcánico ruralista
El gobierno observa desde el mangrullo mediático las inverosímiles protestas de la oligarquía.
Memata tu gargantilla
Entre los tres post más leídos de El Fantasma, está Mamemimomu. Adivinen por qué.
Porretti y un millón de amigos
El verdadero acto político que lo convertirá en presidente. Mañana, en Buenos Aires, 15 hs., Planetario.






